Imagina que eres millonario…

Imagina que eres millonario. Que, por azar, compras un billete de lotería y eres agraciado con tanto dinero que no sabes qué hacer con él. Imagina eso por un segundo, en serio. Cierra los ojos y despega, pon las cosas en su sitio y construye tu futuro. Emprenderás un viaje en el que descubrirás tu felicidad, tu bienestar, tu futuro soñado. Y yo jugaré a adivinarlo. Siéntate, no tengas miedo; no voy a cobrarte nada, de verdad. Has venido aquí por error, ya lo sé, pero ya que estás perdido (reconócelo, llevas toda la vida perdido), ¿qué más te da perderte un rato más? Sigue leyendo

Aire millonario

Hoy me han preguntado que qué haría si fuera millonario, en qué gastaría mi dinero. La verdad es que no lo he dudado mucho: en primer lugar le daría un pellizquito a mi padre, y me haría cargo de todos los gastos de mis abuelos, asegurándome de su comodidad y tranquilidad. Me cambiaría a una casa mayor, pero seguiría sin comprar, así que me iría de alquiler. Posiblemente me iría a hacer un viaje de un par de años a visitar todos los sitios que siempre digo que quiero visitar. Hasta aquí, bien, pero, ¿y luego? ¿qué haría con mi vida? ¿qué esperaría de mi rutina? Sigue leyendo

La princesa mariposa

Era pelirroja, alta, y muy guapa. Estaba en el mismo Starbucks que yo, dando vueltas a un mapa como si no supiera ni qué lado era el correcto. Me miró varias veces, y yo me escabullí volviendo la atención a mi libro, releyendo el último párrafo. No pasaron más de cuatro minutos, y la chica se levantó, resuelta, y se sentó en la butaca situada a mi lado, sonriendo. Sigue leyendo

Frontera azul

Beatriz lloraba desconsolada. La lámpara estalló contra el suelo. Su padre vociferaba por el pasillo, lanzando objetos aleatorios hacia direcciones no tan aleatorias. Su madre también lloraba, aunque ella, a diferencia de la niña, intentaba controlar los sollozos de manera más que visible. La mejilla enrojecida relejaba otra muestra de la rutina que se instaló en esa casa meses atrás. Cuando el corpulento patriarca abofeteó por enésima vez aquella semana a su madre, Beatriz seguía llorando sin entender qué había hecho su madre, y por qué se empeñaba en repetirlo. Sigue leyendo

Guerra de insectos.

La primera vez que me cambié de casa fue todo muy misterioso, muy poético. Tenía 18 años cumplidos y me fui a vivir con dos grandes amigos y aún mejor personas (a Rafa lo sigo viendo bastante, y a Iona me la encontré hace un par de días, igual de encantadora como siempre). Aprendí todo lo que significa sacarte las castañas del fuego, tener que organizar tu propia vida, y no tener que andar con peripecias en el coche para según qué asuntos. Sigue leyendo