Campamento de verano (segunda parte)

Cuando volvían hacia el campamento, bromeando sobre lo asustadizos que éramos, varios de los hombres de negro se abalanzaron sobre ellos, salidos de entre la nada. El monitor más grandullón, un seboso de unos ciento cuarenta kilos, empezó a correr hacia nosotros; y otro, un gusano de gimnasio más corto de entendederas que un corcho mohoso, se cayó de culo al suelo. El tercero no tuvo tanta suerte, y fue alcanzado por el misterioso tumulto iracundo, que sin proferir un solo grito se lo llevó hacia la oscuridad. Sigue leyendo

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Campamento de verano (primera parte)

Viajar en tren tiene algo mágico, un encanto especial. Ya no hablo de esos viajes comerciales entre ciudades urbanas en trenes de alta velocidad, a precios increíblemente desorbitados; hablo del viaje rural, del tren viejo, ajado, con pintadas que ya están desgastadas del tipo “NRL”, las más snobs, y “Pepe quiere a María”, las más tradicionales. Sigue leyendo