¿Tienes fuego?

No tenía ni idea de cómo había pasado. Una simple frase. Un par de cervezas. ¿y ahora qué? tenía que pensar en algo, tenía que encontrar la solución. No podía ser tan difícil. Había conseguido evitarlo, pero había ido de poco. Se encaminó hacia su casa, donde esperaba su compañera, la soledad. Sacó un pitillo e, ironías de la vida, no tenía fuego para encenderlo. Lo lanzó nervioso al suelo y sacó su teléfono. Marco el número y esperó. Él sabría qué hacer. Sigue leyendo

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