La princesa mariposa

Era pelirroja, alta, y muy guapa. Estaba en el mismo Starbucks que yo, dando vueltas a un mapa como si no supiera ni qué lado era el correcto. Me miró varias veces, y yo me escabullí volviendo la atención a mi libro, releyendo el último párrafo. No pasaron más de cuatro minutos, y la chica se levantó, resuelta, y se sentó en la butaca situada a mi lado, sonriendo. Sigue leyendo

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28 velas

Sopló, y sopló. Nunca lo consiguió. Las velas, de esas de broma que nunca se apagan, danzaban en el aire jugando entre las corrientes de aire generadas por ella, medio ahogada entre risas, siendo víctima de docenas de fotografías. Los niños aplaudían nerviosos, esperando su pedazo de pastel, aunque los más pequeños miraban alrededor, aún más nerviosos por ese ambiente tenso, impaciente, mientras las notas del “feliz, feliz en tu día” sonaban en el piano del salón. Sigue leyendo

Calle mayor

Ando por una calle, larga, estrecha, entre una gran multitud. Sus rostros pálidos miran al frente, sus bolsas llenas de objetos. Una sonrisa se esboza en todos los rostros. Falsa sonrisa que pretende engañar un profundo agujero que no saben tapar. No quieren tapar. Y yo solo, en medio, sudando. Intento escapar, no hay callejones. Quiero pasar, empiezo a dar empujones. Me siento pequeño, todos son más altos que yo. Despierto, empapado en sudor. Otra noche más. Sigue leyendo

Soledad

Soledad es,

a mi inepto parecer,
lo que siente una madre
viendo a su hijo caer.

Soledad es,

salir al balcón un rato
para ver si algún vecino
charla conmigo animado.

Soledad es,

Y permítanme osadía,
colega de facultad.
¡y qué maja es la tía!

Soledad es,

aquí se me va la pinza,
tener notificaciones
del blog: la triste visita.

¿para qué diablos me meteré en embrollos,
que no sé solucionar?
Si sé yo de componer, lo mismo que de coches
sabe el calamar.

(y por eso no escribo poesía)