¿Orgullo nacional?

Ya lo tenemos aquí: el anuncio de Campofrío llega puntual a recordarnos lo maravilloso del carácter español. Y yo, viéndolo un par de veces para captar todos los detalles, me pregunto: ¿seré el único que cree que es una verdadera basura? Me parece horripilante lo que se supone que hacen con ese mensaje diluido que se respira al ver el anuncio, donde un elenco de personajes reivindican lo orgullosos que están (o deberíamos estar) de ser españoles. Y cuando para ello sacan a Chiquito, a la Flores y a las gemelas esperpénticas, la cosa ya pinta mal. Sigue leyendo

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Tócala otra vez…

La vida es una zorra enorme. La presión va en aumento. Cuando crees que las cosas van bien, llega otro revés. Pequeñas actualizaciones de un estado sempiterno que no merezco cambiar. Sigo mirando el capítulo de mi serie favorita, donde hoy un asesino en serie mata al rey de la metáfora, que se ahoga en su propio orín.

No sé por qué tengo que seguir aguantando la cuerda, si el peso que sujeta no se puede romper, y tanto da si se resquebraja. Yo tengo mi anillo. Mi tesoro. Mi precioso tesoro. ¿Conseguiré algún día no hacer referencias a Lord of the Rings? Lo dudo. Siento decepcionaros, pero no podréis conmigo. Soy bastante más fuerte que esa cuerda. Los pilares de la tierra aguantan.

Otra vuelta, dando un rodeo. Pronto llega la calma, de eso estoy seguro. ¿Algún médico en la sala? Un loco ha intentado atravesar mi armadura, y se ha roto la muñeca. La bella muñeca juvenil e idiota que solo sabe reír.

Cuando sujete con fuerza la cuerda y se rompa por la presión, el latigazo os lacerará la cara, y entonces lloraréis. Pero ya lo decía Gandalf, que no todas las lágrimas son malas.

Algodón de azúcar

Cuando finalmente rompió la relativamente nueva relación, sintió como el corazón se le rompía en mil pedazos por enésima vez. Le dejó, con cara de incrédulo, en una cafetería del centro de Lleida, a la vista de un buen surtido de conocidos (Lleida no era precisamente una urbe, y todo el mundo conocía a todo el mundo). Al pasar por la plaza que la había visto crecer, totalmente remodelada en una amalgama de hierro y cemento, ideada por un prestigioso arquitecto sin hijos, su mente se nubló un instante, y dudó el destino que quería tomar: no podía ir con Estela, una de sus mejores amigas. La última vez, cuando rompió con Ricardo, ya acudió a ella y ella ya le soltó una chapa que no le apetecía soportar; tampoco Nando, un compañero del trabajo con el que siempre hablaba, aunque nunca de cosas serias. Cogió el L3, cerca de la plaza, destino a la casa de sus padres, en las afueras, donde solía ir a llorar sus penas. Sigue leyendo

La princesa mariposa

Era pelirroja, alta, y muy guapa. Estaba en el mismo Starbucks que yo, dando vueltas a un mapa como si no supiera ni qué lado era el correcto. Me miró varias veces, y yo me escabullí volviendo la atención a mi libro, releyendo el último párrafo. No pasaron más de cuatro minutos, y la chica se levantó, resuelta, y se sentó en la butaca situada a mi lado, sonriendo. Sigue leyendo

Ciudadano C

No me lo podía creer: de repente estaba allí, comprando el billete del tren que me llevaría a ver a mis compañeras de fatigas, y todo parecía extremadamente normal. Habían pasado ya seis meses desde la Gran Guerra, pero tan solo llevaban una semana aceptando civiles de clase C en los medios de transporte públicos. Tenía claro que era un privilegiado, ya que conseguir el pase C no era moco de pavo. Debía agradecérselo a un amigo mío, que siempre explicaba sus quehaceres en el trabajo, montando y trasteando con sistemas de seguridad. A eso me dediqué después de la guerra, a reparar cámaras para que volviesen a funcionar. Es curioso como el ser humano, después de una unión tan fuerte como la que vivimos frente al enemigo común, vuelva a comportarse de la misma forma cruel sin perder un ápice de dignidad. Reparando cámaras. Para vigilar a otros. Qué triste. Como ovejas en un corral. Sigue leyendo