¿Orgullo nacional?

Ya lo tenemos aquí: el anuncio de Campofrío llega puntual a recordarnos lo maravilloso del carácter español. Y yo, viéndolo un par de veces para captar todos los detalles, me pregunto: ¿seré el único que cree que es una verdadera basura? Me parece horripilante lo que se supone que hacen con ese mensaje diluido que se respira al ver el anuncio, donde un elenco de personajes reivindican lo orgullosos que están (o deberíamos estar) de ser españoles. Y cuando para ello sacan a Chiquito, a la Flores y a las gemelas esperpénticas, la cosa ya pinta mal. Sigue leyendo

Morderse la lengua

La gente se empeña en mentir. Constantemente. Y no hay pocas cosas que me repateen más que las mentiras. Hoy va a ser una entrada “a la vieja usanza”: cagándome en todo. Lectores sensibles o toca-cojones, cerrad la página. Los victimismos, a tomar por el culo, por favor. No os creáis tan importantes para veros reflejados en mi blog. Sigue leyendo

28 velas

Sopló, y sopló. Nunca lo consiguió. Las velas, de esas de broma que nunca se apagan, danzaban en el aire jugando entre las corrientes de aire generadas por ella, medio ahogada entre risas, siendo víctima de docenas de fotografías. Los niños aplaudían nerviosos, esperando su pedazo de pastel, aunque los más pequeños miraban alrededor, aún más nerviosos por ese ambiente tenso, impaciente, mientras las notas del “feliz, feliz en tu día” sonaban en el piano del salón. Sigue leyendo

Calle mayor

Ando por una calle, larga, estrecha, entre una gran multitud. Sus rostros pálidos miran al frente, sus bolsas llenas de objetos. Una sonrisa se esboza en todos los rostros. Falsa sonrisa que pretende engañar un profundo agujero que no saben tapar. No quieren tapar. Y yo solo, en medio, sudando. Intento escapar, no hay callejones. Quiero pasar, empiezo a dar empujones. Me siento pequeño, todos son más altos que yo. Despierto, empapado en sudor. Otra noche más. Sigue leyendo

Carta abierta a Artur Mas

Querido Artur Mas, President de la Generalitat de Catalunya:

Permita que le escriba estas líneas en castellano, en primer lugar porque me desenvuelvo mejor en esta lengua (qué curioso, siendo catalán) y segundo porque no quiero cortar la lectura a los posibles extranjeros que puedan hacer acopio de ella. Necesito dedicarle unas palabras para que tenga presente mi opinión: un universitario de 27 años que ha redescubierto su pasión por estudiar, y con un proyecto de emigración de un país (España o Catalunya, el que quiera cada uno) que se va a pique por momentos.
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