Frontera azul

Beatriz lloraba desconsolada. La lámpara estalló contra el suelo. Su padre vociferaba por el pasillo, lanzando objetos aleatorios hacia direcciones no tan aleatorias. Su madre también lloraba, aunque ella, a diferencia de la niña, intentaba controlar los sollozos de manera más que visible. La mejilla enrojecida relejaba otra muestra de la rutina que se instaló en esa casa meses atrás. Cuando el corpulento patriarca abofeteó por enésima vez aquella semana a su madre, Beatriz seguía llorando sin entender qué había hecho su madre, y por qué se empeñaba en repetirlo. Sigue leyendo

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