Jocs de l’ham *_*

Normalmente la gente no entiende a estos desparramados de la vida que salen en realities tipo Gran Hermano diciendo que convivir tantos días con sus compañeros es una experiencia muy difícil de explicar, y que se viven cosas de una forma diametralmente diferente a la usual. Por suerte o por desgracia, me siento identificado con ese elenco de energúmenos, pero con un entorno mucho más saludable, educativo y divertido. Y es que hace muchos años (este ha sido el quinceavo, si mis cuentas no fallan) que dedico unos días de mi vida a aislarme socialmente para irme a vivir aventuras inolvidables con acampados y monitores. Los que me conocen saben que me olvido del teléfono, de qué me pongo para vestir, e incluso hasta de peinarme; aunque ahora que lo pienso tampoco es que me fije en esos menesteres en el día a día, pero ese es otro tema. Sigue leyendo

El búho que quería ser invisible

Soy un animal nocturno, no hay duda. La mayor parte de mis recuerdos son de cuando el sol ya se ha ido a descansar, y la luna campa a sus anchas por su oscuro reino. Un reino en el que me muevo despejado, alerta, contento. Es la noche la que cobija mis pensamientos, la que me hace perder el sentido mientras yo mismo divago perdido mirando algún punto indefinido del cielo. Me gusta que llueva, que truene, que la oscuridad se apodere de cada recodo de la ciudad, y de mi misma habitación. Ahora mismo la luz está apagada, solo el brillo de la pantalla del ordenador tiñe de un ligero blanco mis manos, que repiquetean sin pausa sobre un teclado con las teclas tan desgastadas, que incluso ni me fijo en el orden en el que las vuelvo a colocar cuando lo desmonto para limpiarlo (bueno, siempre intento poner un neirolh en el centro, pero eso son manías de las que hablaré en alguna otra entrada). Siempre he sido así. Siempre me recuerdo así. Nocturno.

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Guerra de insectos.

La primera vez que me cambié de casa fue todo muy misterioso, muy poético. Tenía 18 años cumplidos y me fui a vivir con dos grandes amigos y aún mejor personas (a Rafa lo sigo viendo bastante, y a Iona me la encontré hace un par de días, igual de encantadora como siempre). Aprendí todo lo que significa sacarte las castañas del fuego, tener que organizar tu propia vida, y no tener que andar con peripecias en el coche para según qué asuntos. Sigue leyendo

Mi próximo reto: objetos para vivir.

Vivimos en un mundo consumista, que nos insta a comprar cuantas más cosas podamos y cuanto más caras, mejor. La sociedad nos dice que debemos vivir a la última sin importar qué nos cueste. He decidido que no hace falta tanta tontería y, leyendo un artículo que os pego a continuación, mi próximo reto será conseguir vivir con el mínimo de posesiones posibles. Si la cosa va bien, iré bajando el número y veré cuán bajo puedo llegar. Más, tras el salto.

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