Jocs de l’ham *_*

Normalmente la gente no entiende a estos desparramados de la vida que salen en realities tipo Gran Hermano diciendo que convivir tantos días con sus compañeros es una experiencia muy difícil de explicar, y que se viven cosas de una forma diametralmente diferente a la usual. Por suerte o por desgracia, me siento identificado con ese elenco de energúmenos, pero con un entorno mucho más saludable, educativo y divertido. Y es que hace muchos años (este ha sido el quinceavo, si mis cuentas no fallan) que dedico unos días de mi vida a aislarme socialmente para irme a vivir aventuras inolvidables con acampados y monitores. Los que me conocen saben que me olvido del teléfono, de qué me pongo para vestir, e incluso hasta de peinarme; aunque ahora que lo pienso tampoco es que me fije en esos menesteres en el día a día, pero ese es otro tema. Sigue leyendo

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El búho que quería ser invisible

Soy un animal nocturno, no hay duda. La mayor parte de mis recuerdos son de cuando el sol ya se ha ido a descansar, y la luna campa a sus anchas por su oscuro reino. Un reino en el que me muevo despejado, alerta, contento. Es la noche la que cobija mis pensamientos, la que me hace perder el sentido mientras yo mismo divago perdido mirando algún punto indefinido del cielo. Me gusta que llueva, que truene, que la oscuridad se apodere de cada recodo de la ciudad, y de mi misma habitación. Ahora mismo la luz está apagada, solo el brillo de la pantalla del ordenador tiñe de un ligero blanco mis manos, que repiquetean sin pausa sobre un teclado con las teclas tan desgastadas, que incluso ni me fijo en el orden en el que las vuelvo a colocar cuando lo desmonto para limpiarlo (bueno, siempre intento poner un neirolh en el centro, pero eso son manías de las que hablaré en alguna otra entrada). Siempre he sido así. Siempre me recuerdo así. Nocturno.

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