Ciudadano C

No me lo podía creer: de repente estaba allí, comprando el billete del tren que me llevaría a ver a mis compañeras de fatigas, y todo parecía extremadamente normal. Habían pasado ya seis meses desde la Gran Guerra, pero tan solo llevaban una semana aceptando civiles de clase C en los medios de transporte públicos. Tenía claro que era un privilegiado, ya que conseguir el pase C no era moco de pavo. Debía agradecérselo a un amigo mío, que siempre explicaba sus quehaceres en el trabajo, montando y trasteando con sistemas de seguridad. A eso me dediqué después de la guerra, a reparar cámaras para que volviesen a funcionar. Es curioso como el ser humano, después de una unión tan fuerte como la que vivimos frente al enemigo común, vuelva a comportarse de la misma forma cruel sin perder un ápice de dignidad. Reparando cámaras. Para vigilar a otros. Qué triste. Como ovejas en un corral. Sigue leyendo

El pequeño esclavo.

Llevaba una camiseta de manga larga ocre, desgastada, raída, con un oriental largo tiempo olvidado plasmado en el centro de la prenda que proponía un estilo de vida basado en el fluir. Unos tejanos totalmente desgastados y con varios remiendos caseros cubrían sus piernas, y unas zapatillas Munich beige luchaban por dejarse ver entre el montón de barro que se acumulaba en sus ropajes. El chico parecía recién salido de un tornado tropical, con nombre de mujer furiosa, aunque un detalle  destacaba más que los jirones de su ropa: Su cara estaba totalmente desfigurada. Sigue leyendo

La puerta cae

Mientras enterraba la nota entre las sábanas de la cama un golpe especialmente fuerte retumbó en la puerta, haciendo mover los goznes. Su corazón se aceleró, y decidió que no podía permitirse el lujo de caer con la puerta. Simple madera contra carne y huesos. Su lucha no acabaría hoy. No caería con ella. Se levantó rápido  y lanzó una silla por la ventana, rociando a los muertos que gruñían por la calle con una lluvia de pequeños cristales. Saltó por ella, se encaramó al alféizar y se precipitó al vacío. Sigue leyendo

Cansancio

Cuando logró bloquear la maltrecha puerta se derrumbó en la cama, despertando a un ejército de motas de polvo que se esparcieron como hormigas nerviosas por la aproximación de la lluvia veraniega. No derramó una sola lágrima, como era ya usual, aunque por dentro su corazón latía con rabia contenida. Simplemente no podía más. Sigue leyendo