28 velas

Sopló, y sopló. Nunca lo consiguió. Las velas, de esas de broma que nunca se apagan, danzaban en el aire jugando entre las corrientes de aire generadas por ella, medio ahogada entre risas, siendo víctima de docenas de fotografías. Los niños aplaudían nerviosos, esperando su pedazo de pastel, aunque los más pequeños miraban alrededor, aún más nerviosos por ese ambiente tenso, impaciente, mientras las notas del “feliz, feliz en tu día” sonaban en el piano del salón. Sigue leyendo

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