Review Zombiaventura 2013

Llego a casa, y son casi las once de la mañana; después de estar 20 minutos aún en shock, me pego una ducha más que tonificante y me dispongo a descansar tras estar más de 15 horas inmerso en un apocalipsis zombi. Sí, hablo de Zombiaventura, organizada por Troyaventura. Me dispongo a relatar lo que fue la noche más caótica que recuerdo haber sufrido en muchos años, y en la que disfruté como un enano.

En primer lugar tengo que decir que mi experiencia fue más que positiva. Tan solo llegar nos recibía una valla flanqueada por militares, para luego empezar a ver algunos carteles de alerta biológica por todo el pueblo. Estuvimos toda la noche corriendo, logramos no perder a ningún miembro de nuestro equipo y conseguimos ser evacuados por un convoy militar, ganando el juego (junto con más grupos, claro). La sensación de adrenalina, el estar a punto de sacar el corazón por la boca y saber que tienes que seguir corriendo, el miedo que pasamos cuando estuvimos escondidos tras unos paneles mientras un grupo de zombis pasaba justo a nuestro lado… un lujo. Pero no es oro todo lo que reluce, y la organización tuvo muchos fallos, algunos muy gordos. Vamos allá con la review: Sigue leyendo

Sale el sol.

Su jefe llevaba gritando desde hacía más de media hora. Miriam lo tenía más que asimilado. La empresa llevaba un par de meses de caída libre, y su él no sabía cómo parar la hecatombe que intuía. Los culpables, sus trabajadores, cómo no: la habilidad para encontrar excusas para sus despistes y culpar al primero que pasara por allí no tenía desperdicio. Sigue leyendo

Ciudadano C

No me lo podía creer: de repente estaba allí, comprando el billete del tren que me llevaría a ver a mis compañeras de fatigas, y todo parecía extremadamente normal. Habían pasado ya seis meses desde la Gran Guerra, pero tan solo llevaban una semana aceptando civiles de clase C en los medios de transporte públicos. Tenía claro que era un privilegiado, ya que conseguir el pase C no era moco de pavo. Debía agradecérselo a un amigo mío, que siempre explicaba sus quehaceres en el trabajo, montando y trasteando con sistemas de seguridad. A eso me dediqué después de la guerra, a reparar cámaras para que volviesen a funcionar. Es curioso como el ser humano, después de una unión tan fuerte como la que vivimos frente al enemigo común, vuelva a comportarse de la misma forma cruel sin perder un ápice de dignidad. Reparando cámaras. Para vigilar a otros. Qué triste. Como ovejas en un corral. Sigue leyendo