Algodón de azúcar

Cuando finalmente rompió la relativamente nueva relación, sintió como el corazón se le rompía en mil pedazos por enésima vez. Le dejó, con cara de incrédulo, en una cafetería del centro de Lleida, a la vista de un buen surtido de conocidos (Lleida no era precisamente una urbe, y todo el mundo conocía a todo el mundo). Al pasar por la plaza que la había visto crecer, totalmente remodelada en una amalgama de hierro y cemento, ideada por un prestigioso arquitecto sin hijos, su mente se nubló un instante, y dudó el destino que quería tomar: no podía ir con Estela, una de sus mejores amigas. La última vez, cuando rompió con Ricardo, ya acudió a ella y ella ya le soltó una chapa que no le apetecía soportar; tampoco Nando, un compañero del trabajo con el que siempre hablaba, aunque nunca de cosas serias. Cogió el L3, cerca de la plaza, destino a la casa de sus padres, en las afueras, donde solía ir a llorar sus penas. Sigue leyendo

La princesa mariposa

Era pelirroja, alta, y muy guapa. Estaba en el mismo Starbucks que yo, dando vueltas a un mapa como si no supiera ni qué lado era el correcto. Me miró varias veces, y yo me escabullí volviendo la atención a mi libro, releyendo el último párrafo. No pasaron más de cuatro minutos, y la chica se levantó, resuelta, y se sentó en la butaca situada a mi lado, sonriendo. Sigue leyendo

Ciudadano C

No me lo podía creer: de repente estaba allí, comprando el billete del tren que me llevaría a ver a mis compañeras de fatigas, y todo parecía extremadamente normal. Habían pasado ya seis meses desde la Gran Guerra, pero tan solo llevaban una semana aceptando civiles de clase C en los medios de transporte públicos. Tenía claro que era un privilegiado, ya que conseguir el pase C no era moco de pavo. Debía agradecérselo a un amigo mío, que siempre explicaba sus quehaceres en el trabajo, montando y trasteando con sistemas de seguridad. A eso me dediqué después de la guerra, a reparar cámaras para que volviesen a funcionar. Es curioso como el ser humano, después de una unión tan fuerte como la que vivimos frente al enemigo común, vuelva a comportarse de la misma forma cruel sin perder un ápice de dignidad. Reparando cámaras. Para vigilar a otros. Qué triste. Como ovejas en un corral. Sigue leyendo

28 velas

Sopló, y sopló. Nunca lo consiguió. Las velas, de esas de broma que nunca se apagan, danzaban en el aire jugando entre las corrientes de aire generadas por ella, medio ahogada entre risas, siendo víctima de docenas de fotografías. Los niños aplaudían nerviosos, esperando su pedazo de pastel, aunque los más pequeños miraban alrededor, aún más nerviosos por ese ambiente tenso, impaciente, mientras las notas del “feliz, feliz en tu día” sonaban en el piano del salón. Sigue leyendo

¿Tienes fuego?

No tenía ni idea de cómo había pasado. Una simple frase. Un par de cervezas. ¿y ahora qué? tenía que pensar en algo, tenía que encontrar la solución. No podía ser tan difícil. Había conseguido evitarlo, pero había ido de poco. Se encaminó hacia su casa, donde esperaba su compañera, la soledad. Sacó un pitillo e, ironías de la vida, no tenía fuego para encenderlo. Lo lanzó nervioso al suelo y sacó su teléfono. Marco el número y esperó. Él sabría qué hacer. Sigue leyendo