El vigilante

El reloj avanzaba, nervioso. El hombre lo miraba, impaciente, esperando con ganas que bombeara tiempo a la habitación y poder así finalizar esa etapa. El olor a antiséptico inundó otra vez sus fosas nasales, y se revolvió en su silla, incómodo por el bip ininterrumpido de la máquina a la que estaba conectado él. Cómo lo odiaba. No tenía ni idea de por qué tenía que velar a ese hombre de pelo canoso que se empecinaba en mirarle con cara de ser el culpable de todo. Por más tiempo del que podía recordar (aunque tampoco sabía exactamente si era mucho o poco) había estado vigilando al enfermo, y odiándole con todas sus fuerzas. Sigue leyendo

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Calle mayor

Ando por una calle, larga, estrecha, entre una gran multitud. Sus rostros pálidos miran al frente, sus bolsas llenas de objetos. Una sonrisa se esboza en todos los rostros. Falsa sonrisa que pretende engañar un profundo agujero que no saben tapar. No quieren tapar. Y yo solo, en medio, sudando. Intento escapar, no hay callejones. Quiero pasar, empiezo a dar empujones. Me siento pequeño, todos son más altos que yo. Despierto, empapado en sudor. Otra noche más. Sigue leyendo

¿Tienes fuego?

No tenía ni idea de cómo había pasado. Una simple frase. Un par de cervezas. ¿y ahora qué? tenía que pensar en algo, tenía que encontrar la solución. No podía ser tan difícil. Había conseguido evitarlo, pero había ido de poco. Se encaminó hacia su casa, donde esperaba su compañera, la soledad. Sacó un pitillo e, ironías de la vida, no tenía fuego para encenderlo. Lo lanzó nervioso al suelo y sacó su teléfono. Marco el número y esperó. Él sabría qué hacer. Sigue leyendo