El búho que quería ser invisible

Soy un animal nocturno, no hay duda. La mayor parte de mis recuerdos son de cuando el sol ya se ha ido a descansar, y la luna campa a sus anchas por su oscuro reino. Un reino en el que me muevo despejado, alerta, contento. Es la noche la que cobija mis pensamientos, la que me hace perder el sentido mientras yo mismo divago perdido mirando algún punto indefinido del cielo. Me gusta que llueva, que truene, que la oscuridad se apodere de cada recodo de la ciudad, y de mi misma habitación. Ahora mismo la luz está apagada, solo el brillo de la pantalla del ordenador tiñe de un ligero blanco mis manos, que repiquetean sin pausa sobre un teclado con las teclas tan desgastadas, que incluso ni me fijo en el orden en el que las vuelvo a colocar cuando lo desmonto para limpiarlo (bueno, siempre intento poner un neirolh en el centro, pero eso son manías de las que hablaré en alguna otra entrada). Siempre he sido así. Siempre me recuerdo así. Nocturno.

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Tócala otra vez…

La vida es una zorra enorme. La presión va en aumento. Cuando crees que las cosas van bien, llega otro revés. Pequeñas actualizaciones de un estado sempiterno que no merezco cambiar. Sigo mirando el capítulo de mi serie favorita, donde hoy un asesino en serie mata al rey de la metáfora, que se ahoga en su propio orín.

No sé por qué tengo que seguir aguantando la cuerda, si el peso que sujeta no se puede romper, y tanto da si se resquebraja. Yo tengo mi anillo. Mi tesoro. Mi precioso tesoro. ¿Conseguiré algún día no hacer referencias a Lord of the Rings? Lo dudo. Siento decepcionaros, pero no podréis conmigo. Soy bastante más fuerte que esa cuerda. Los pilares de la tierra aguantan.

Otra vuelta, dando un rodeo. Pronto llega la calma, de eso estoy seguro. ¿Algún médico en la sala? Un loco ha intentado atravesar mi armadura, y se ha roto la muñeca. La bella muñeca juvenil e idiota que solo sabe reír.

Cuando sujete con fuerza la cuerda y se rompa por la presión, el latigazo os lacerará la cara, y entonces lloraréis. Pero ya lo decía Gandalf, que no todas las lágrimas son malas.

Aire millonario

Hoy me han preguntado que qué haría si fuera millonario, en qué gastaría mi dinero. La verdad es que no lo he dudado mucho: en primer lugar le daría un pellizquito a mi padre, y me haría cargo de todos los gastos de mis abuelos, asegurándome de su comodidad y tranquilidad. Me cambiaría a una casa mayor, pero seguiría sin comprar, así que me iría de alquiler. Posiblemente me iría a hacer un viaje de un par de años a visitar todos los sitios que siempre digo que quiero visitar. Hasta aquí, bien, pero, ¿y luego? ¿qué haría con mi vida? ¿qué esperaría de mi rutina? Sigue leyendo

Morderse la lengua

La gente se empeña en mentir. Constantemente. Y no hay pocas cosas que me repateen más que las mentiras. Hoy va a ser una entrada “a la vieja usanza”: cagándome en todo. Lectores sensibles o toca-cojones, cerrad la página. Los victimismos, a tomar por el culo, por favor. No os creáis tan importantes para veros reflejados en mi blog. Sigue leyendo