29/08/2014

Ayer me olvidé por completo de colgar el escrito que hice, así que aquí va. En esta ocasión, Friki Girl decidió ir con un cuento infantil, con lo que aproveché para indagar en esa parte más “monitor” que tengo. ¡Espero que os guste!

Frase inicial: Cuento infantil.

Tema propuesto por: Friki Girl.

Cuenta la leyenda que muchos años atrás vivía en estas tierras un poderoso druida que protegía y cuidaba del bosque y sus alrededores. Desde pequeño, ese entrañable personaje vivía rodeado de árboles, musgo y lechuzas, primero con sus padres y, cuando estos completaron el ciclo de la vida entregando su energía a la madre tierra, en compañía de sus hermanos, la flora y la fauna. Se encargaba de buscar hogar en la otra punta del valle a los lobos, si es que los conejos empezaban a descender estrepitosamente en número; y si entonces los conejos aumentaban y ponían en peligro la hierba y las zanahorias, volvía a traer a los primos de los que antes recolocó. Si los nenúfares de los múltiples manantiales empezaban a oxigenar en demasía el agua, introducía de otros ríos a carpas o sirulos, para que se comieran a los nenúfares. Entendía a la perfección el equilibrio extremo y armonioso en el que vivía todo el bosque, y lloraba de alegría o cantaba de emoción al contemplar un atardecer teñido de rojos y naranjas, o una danzante tempestad con tintes verdes y azules.

Resulta que un día un grupo de hombres llegó al bosque, y en seguida fue el druida a darles la bienvenida. En el exterior del bosque solo existía caos, y los valientes que se adentraban en los límites del territorio protegido por el druida no solían regresar. Mientras caminaba hacia el campamento de los hombres, pensaba dónde podría colocarlos; seguramente en la cima de la colina dorada, desplazando un poco los numerosos nidos de águilas que poblaban los riscos, o tal vez en la zona aún despoblada del lodazal central (seguramente los humanos podrían arreglar ese gran charco fangoso con sus tablas de madera, se decía; ya tenía incluso algunos árboles preparados para entregar a tal efecto). Descubrió, no obstante, que los humanos eran unos seres altaneros y orgullosos, y no aceptaron ninguna de las localizaciones que el bondadoso protector del bosque les ofreció. Decidió entonces, no sin cierto malestar, acceder a las peticiones de instalarse en el gran prado oriental, con todos los problemas que eso ocasionaría con los caballos, las vacas, los topos y los leones, por no hablar de las innumerables colonias de abejas que tendría que mover. Pero contaba con gozar del favor de los hombres, y se puso manos a la obra.

Pasaron los años, y las relaciones nunca acabaron de cuajar. Aunque muchos hombres, especialmente los más jóvenes, protegían, cuidaban y querían al bosque y a todas sus criaturas, una parte de los más perversos no dudaban en acabar indiscriminadamente con vacas, serpientes y aves para satisfacer sus deseos más superfluos, y en domesticar a otros hijos del bosque para ayudarles en sus tareas mundanas. El prado acabó convirtiéndose en un páramo desolado, con casas amontonadas por doquier y ningún rastro de seres vivos, a excepción de los mismos hombres y de flacos y tristes caballos o rabiosos perros aún más delgados. Los hombres tampoco respetaban el ciclo de la vida, y se multiplicaban en demasía, agotando entonces con el equilibrio del bosque que al druida tanto le había costado calibrar. Pasó, el pobre, muchos meses intentando compensar el desgaste humano con repoblaciones masivas de los animales más apetecibles, aunque de nada sirvió.

El druida, entonces, ideó un plan. Se personó en la casa del más rico de los hombres, el jefe de todos los otros, y le propuso una serie de ideas para poder mantener el orden en el bosque. El jefe de los hombres, hijo del hijo del primer hombre que pisó ese bosque, nunca había hablado directamente con el druida, y se rió con ganas ante las locas propuestas del anciano. Ante la reprimenda del druida, el jefe de los hombres enloqueció, y mandó quemarlo vivo. Ya con la hoguera preparada para arder, y ante la tranquilidad del druida, el jefe siguió adelante con el plan, pese a las súplicas de su hijo, que no quería dañar al hombre del bosque. El fuego lamió los pies del druida, y este sonrió con las cosquilla que le causaban. Evidentemente, el fuego no le podía causar dolor, pues los elementos que forman la madre tierra forman parte también de sus protectores.

El druida, no obstante, ya había tomado una decisión. Dolora, pero necesaria. Dejaría en manos de los hombres el destino del bosque, y con él de todos los seres que allí moraban, incluidos también los hombres y sus familias. Con un solo pensamiento, su energía estalló, apagando el fuego y derrumbando a todos los allí presentes. Mil y una chispas surgieron del interior del druida, y corrieron y volaron y surcaron el aire en busca de los depositarios de la fuente del poder protector. Todas las criaturas del bosque inocentes y puras recibieron su pedazo de energía, incluyendo a algunas mujeres, muy pocos hombres, y prácticamente todos los niños del poblado humano. Entonces el aura protectora del bosque, junto con el druida que tantos años allí había morado, se desvanecieron. Los árboles, animales, pájaros y hombres que habían recibido la chispa de energía permanecieron intactos ante ese cambio; pero los hombres corruptos enfermaron, y sufrieron, y tuvieron que estar largo tiempo en cama y salvaguardados de las tempestades del bosque. Muchos acabaron formando parte del ciclo de la vida, y aún unos pocos cambiaron de opinión y actitud respecto a la madre tierra.

Cuenta la leyenda, como antes decía, que el bosque permanecerá en equilibrio durante aún mil años más, siempre que queden descendientes de los iluminados por la chispa para protegerlo. Los hombres pierden en su madurez esa chispa, e intentan educar a sus hijos con los mismos valores que llevaron a los antiguos a ese fatal destino. Pero mientras quede un solo niño que disfrute con el vuelo de las mariposas, con el canto del riachuelo entre las piedras, o con el aullido del lobo en mitad de la noche, y respete todo ello como la intrincada red de seres y energías que forma, el bosque entero y la raza de los hombres vivirá un día más. Recuerda, no pierdas nunca la chispa que te hace brillar.

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