La princesa mariposa

Era pelirroja, alta, y muy guapa. Estaba en el mismo Starbucks que yo, dando vueltas a un mapa como si no supiera ni qué lado era el correcto. Me miró varias veces, y yo me escabullí volviendo la atención a mi libro, releyendo el último párrafo. No pasaron más de cuatro minutos, y la chica se levantó, resuelta, y se sentó en la butaca situada a mi lado, sonriendo.

-Hi -me espetó, mientras yo dejaba el libro y le correspondía con una inclinación de cabeza, y una sonrisa-. How you doing?

-Reading a book, waiting for seven o’clock -respondí titubeando. Ella me miró, esperando que le explicara el motivo de la espera, pero no se me ocurrió cómo decirle que simplemente estaba pasando el rato, sin esperar nada. Decidí cambiar de tercio-. You have no idea where are you, don’t you?

Sonrió, casi ruborizada, y me mostró el mapa. Tenía marcados los teatros de la zona, y varias escuelas de ballé. Resultó ser una bailarina escocesa, que había venido a probar suerte en la ciudad condal, donde al parecer había concretado varias entrevistas.

-Pero hoy es domingo, estará todo cerrado, ¿no? -pregunté sin pensar en que había cambiado el idioma. Me miró extrañada, e intenté explicar lo mejor que pude mi duda-. Today is sunday, so… do you want to make an interview… today?

-Actually, I rent a house in Barceloneta -sonreí al escuchar la pronunciación-. I’m looking for my new home.

La conversación siguió, y acabamos en el metro, dirección a su futuro barrio. Me contó sus sueños, sus aspiraciones, y yo le conté los míos. Era simpática, y se hacía entender a pesar de su acento, cerrado y nasal. Yo no podía dejar de mirar el tatuaje que llevaba tras su oreja, al acabar el cuello: una mariposa monarca. Le pregunté por él, y me contó que estas mariposas realizan migraciones kilométricas en las costas americanas, para repetir el mismo viaje que sus tatarabuelos realizaron tiempo atrás. Es su destino, dijo, conocer mundo y abandonar el árbol en el que nacen. “just like me”, finalizó.

Encontrar su piso fue una odisea, y subir a él un paso natural. Besaba con fuerza, y pasión. Pasamos toda la tarde y parte de la noche entrelazados, intercalando sexo apasionado, risas y caricias, con clases intensivas de catalán. Me habló de sus dos hermanos, de cómo su abuelo murió en la guerra, y la historia de un ermitaño que vivía en el bosque, entre animales, receloso de los humanos, que siempre le contaba su madre. Le expliqué que era batería, que quería ser profesor, y le leí varias historias de las que había escrito, que le encantaron (aunque estoy bastante seguro de que no entendió prácticamente nada).

Cuando me desperté por la mañana fui a buscar algo para desayunar, y cuando  ella despertó seguía sonriendo de la misma forma que la tarde anterior, en la cafetería. Mientras me duchaba, ella empezó a arreglarse para ir a su primera entrevista. Le deseé toda la suerte del mundo, y prometimos llamarnos algún día. Mientras esperaba el tren para ir al trabajo, ya solo, fui a buscar mi cuaderno para tomar cuatro notas sobre lo que me había contado de Escocia: sitios que visitar en el viaje que quiero hacer allí desde hace años. Allí encontré una pequeña cajita de colores chillones. La abrí, y encontré su regalo. Una pequeña mariposa amarilla de papel. Una mariposa que había abandonado su hogar. Una pequeña princesa, que seguía su destino.

La princesa mariposa

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