Calle mayor

Ando por una calle, larga, estrecha, entre una gran multitud. Sus rostros pálidos miran al frente, sus bolsas llenas de objetos. Una sonrisa se esboza en todos los rostros. Falsa sonrisa que pretende engañar un profundo agujero que no saben tapar. No quieren tapar. Y yo solo, en medio, sudando. Intento escapar, no hay callejones. Quiero pasar, empiezo a dar empujones. Me siento pequeño, todos son más altos que yo. Despierto, empapado en sudor. Otra noche más.

Día tras día me tumbo en el sofá, entre cajas de pizza que han visto más mundo que yo. Miro por la ventana que me enseña el mismo par de pantalones raídos surcando en el viento una y otra vez. Tras mi balcón, otro edificio. Miles de historias mejores que la mía. Todos son felices, intentando sacar un día para poder estar tumbados en su sofá. Y yo no puedo ni levantarme del mío. Llega la noche, y el maestro del engaño que es el sol se oculta, y me cuenta otra vez su milonga. De cómo ilumina a todos, como todos quieren gozar de una tez morena, fruto de su pasión con él. ¿quién no sería capaz de matar por un polvo con su mayor deseo?

Me duermo preocupado por el sueño que me tocará vivir hoy. Estoy en la misma calle, una y otra vez. No formo parte de ese juego, no tengo más que hacer que esperar un callejón. Un saxofonista que me despierte una melodía que pueda arrancar mis lágrimas, dentro de este mar de música clásica que no logro comprender. Nunca pensé que sería tan difícil dejar de huir. La calle hace cuesta abajo, y ahora todos se han girado y van en la misma dirección. Me veo arrastrado a seguir su camino, pero girado, dando tumbos. Intento entablar conversación con algún transeúnte. Me responden amables ofreciéndome sus caprichos, sus abrazos. Pero no quiero el abrazo de alguien que no sepa tocar un contrabajo. Las pasiones se desatan y sigo cuesta abajo, alcanzando cada vez más velocidad. Cada movimiento que hago me lleva a una aceleración mayor, y cada intento por frenarla, un empujón de un peatón. La pared del final está  cerca siempre, y vivo asustado con la idea de estamparme contra ella y no lograr despertar. Despierto. Son las cuatro de la mañana. Me quedan horas para dormir.

Estoy en el trabajo, hojeando sin leer informes del día de ayer. Lo social con puntos me espeta que no me integro, que tengo que clicar más. Seguir con el juego, jugar mi papel, pelar la piel que he conseguido endurecer. Tal vez sea tan dura que nunca podré exprimir zumo de nuevo. tal vez me haya quedado sin vitamina C. Seguiré esperando, seguiré soñando con que voy cuesta abajo. Quizás algún día pueda seguir adelante. Quizás algún día pueda creerme mi propia mentira.

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