La muerte

Esta entrada va dedicada a toda esa gente que se ha estremecido al leer el título de la misma. Debo advertir que escribo cansado, con sueño y algo bebido. Ese magnífico punto en el que la lengua se suelta y suelta a muchos para ligotear en las discotecas (a mí ese punto no me ha servido nunca, mis escasas armas se ven superadas cuando la lengua se mezcla con el trapo). No prometo ningún orden, y estoy casi convencido que me dejaré alguna tilde de las que soy acérrimo defensor.

La muerte es un concepto que me atormenta. No el concepto en si mismo, pero sí su significado para tanta y tanta gente. Desde el mismo Aquiles, que junto a tantos griegos (y celtas, y romanos, y aún hoy musulmanes y cristianos) creyó que sacrificar su vida para su gloria y muerte era sin duda una ganga; a la gente que vive aterrorizada de volar en avión, por poner un ejemplo, por la remota posibilidad de estrellarse entre ira y llamas; todos marcan la muerte como un paso que ha de llegar y no saben cómo hacerle frente. Yo, sinceramente, me limito a ignorarlo.

Carpe Diem. Es mi lema. Pocos sabéis porqué. El caso es que no me complico pensando en cuánto, ni cómo moriré. No lo sabré hasta que pase, y justo en ese momento dejará de importarme. Soy de los que creen que después de la muerte, gusanos. El Alma, el cielo, los mismos dioses… invenciones humanas para poder sobrellevar mejor las dudas terrenales que tenemos. Es así de fácil. Yo lo creo así. No es que sea reticente a creer en el más allá, simplemente me considero exageradamente práctico.

Hace poco envié el cuento del buscador a una amiga (supongo que puedo llamarla así). Lo descubrí junto a ella hace largo tiempo, y es un cuento que me encanta poner de vez en cuando. Creo que es una buena filosofía. Acostumbro a reir con los vivos, más que llorar por los muertos. Aprovechar cada minuto y, al ver a los amigos partir, recordar esos momentos en los que no podíamos parar de reir, con lágrimas en los ojos. Tengo muchos buenos momentos de esos. Tengo buenos amigos con los que he podido disfrutar de mis amigos. Aunque creo que la mayoría de ellos creen que soy “un tío raro”, teniendo en cuenta que no conocen ni la mitad de mis pensamientos “raros”.

Todo esto me lleva a pensar que algo ha muerto en mí. Creo que un ciclo, como mínimo. Siento que ya no estoy en el lugar que me corresponde. Grandes amigos, grandes actividades, pero por las noches algo me reconcome por dentro, algo que falta y tira de mí hacia un agujero que no puedo (a veces creo que ni tan solo quiero) esquivar. Me veo arrastrado hacia él de una forma que no puedo describir, y ni tan solo lo que creo que me hará taparlo me da fuerzas para hacerlo. No tengo muy claro cómo expresar estos sentimientos (será la hora) pero está claro que andan sueltos. Pero que nadie se alarme, que no estoy depre ni a punto de pegarme un tiro. Entiendo el desvío que está tomando mi vida, y voy a intentar encarrilarlo lo mejor que pueda.

Quizás lo consiga, quizás no. Pero nadie podrá decirme que no lo intenté.

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2 pensamientos en “La muerte

  1. Seguramente es cierto: estás naciendo a una nueva etapa. Esos momentos siempre vienen acompañados de un vértigo que asusta y atrae por igual.
    ¡Enhorabuena! Estás madurando y eso es bueno, siempre que no olvides un punto de locura. Recuerda que los cuerdos no se divierten, no sacan jugo a la vida y siempre se arrepienten de no haberlo hecho… cuando es demasiado tarde

  2. Vaya parrafada, después de salir de fiesta es mejor no pensar mucho… però tienes razón, llega un momento en la vida en la que se requiere un cambio.
    Animo y ponte a ello!!

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