Y ese sueño era Roma.

Hoy me ha pasado una cosa increble, ¡He soñado! ¿No es hermoso? y aquí vienen dos partes a explicar:

En primer lugar, soñar no es para vosotros lo que para mi. Almenos para la mayoría de vosotros.  Sueño cosas totalmente ajenas a mi mundo real (yo no se ver la relación). Normalmente la gente sueña cosas terrenales, cercanas, con un toque grande o pequeño de imaginación que le dan el toque onírico, tan necesario para no saber que estamos soñando. Mis sueños me sirven para muchísimas cosas. y me acuerdo a la perfección de lo que sueño (cosa que a la mayoría de la gente tampoco le pasa). En segundo, que también se perfectamente que siempre soñamos, pero tan solo algunas veces lo recordamos. Pero soy un futuro filólogo, y un escritor de corazón, así que deberéis tomar cierta literariedad, en lugar de literalidad, en mis palabras. ¿qué sorpresa, no?

Hoy he soñado sobre la tercera parte del libro que nunca escribiré, una parte que ni tan siquiera sabía cómo empezar, ni de qué iba a ir. Ese ha sido mi sueño. Nítido como una película en HD. ¡Qué irónica que es la vida! Hace días que me reservo una entrada para mañana, aunque pocos de vosotros sabréis la razón, y resulta que hoy necesito comunicar al mundo que he soñado. La entrada no tiene mucho interés, y sin pararme a estructurar el texto va a salir una amalgama de pensamientos desordenados que no os proporcionarán apenas placer lector. Pero es mi blog, y relacionada con cierta entrada de una madre adoptiva que tengo por tierras teutonas, me siento melángico. No hace falta que lo googleéis, es una palabra mía. Tampoco es muy difícil de deducir (melancolía y melangia son el mismo sentimiento en diferentes culturas, y ya que voy a caballo entre ellas, qué mejor manera que hacerlo con mi propio léxico).

Como decía, me siento melángico. Tuve que convivir hace unos años con ese sentimiento, y hacerlo tan mío como me fue posible. Y ahora casi que no puedo vivir sin él. Es el aceite que engrasa mi armadura. Hoy estoy melángico, y eso me da fuerzas para estudiar, para luchar por un sueño. Para conseguir que mis amigos cumplan sus sueños, y lo hagan a mi lado. Un despacho sin fotografías, solo con diplomas, es un despacho que me despierta tanta tristeza que ahora ya no puedo concebirlo como tal.

Así que os dejo con mi amalgama, que yo voy a luchar por mi sueño. Dentro de unos años podré decir que una noche tuve un sueño. Y ese sueño era Roma.

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5 pensamientos en “Y ese sueño era Roma.

  1. Yo también sueño con despachos llenos de fotos, hijos adoptivos, hijas que no abandonan el camino de la izquierda y hermanos que hacen exámenes en la playa y concluyo que, como decía Segismundo: pues que la vida es tan corta, soñemos, alma, soñemos.

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