Historia para no dormir (yVII): EL FINAL

CAPITULO 5: LA GRAN BATALLA FINAL

Impacientemente, mientras las flechas caían sobre los cuerpos difuntos de los zombis, esperaba una oportunidad de dar a algún cabecilla, pero se me aconteció imposible, pues una muralla de muertos vivientes cubría a los jefes. Una catapulta lanzó su carga, que cayó sobre un terraplén en donde un centenar de zombis fue aplastado, aunque, como ya habíamos previsto, los bravos combatientes volvían a levantarse para reanudar su macabra marcha hacia las murallas de Releer. No obstante, ordené a los campesinos que volvieran a cargar las catapultas y que apuntaran un poco mas hacia el este, donde los cabecillas permanecían escondidos.
Mientras, algunos zombis, llenos de flechas en el cuerpo, empezaban a caer delante de las puertas, donde algunas docenas aporreaban la puerta para intentar hundirla, cosa que no conseguían. Si no podían derribar la puerta conseguiríamos acabar con la mayoría de los muertos antes de que los nuestros tuvieron que luchar cuerpo a cuerpo.
Mas de veinte zombis habían vuelto a perecer ya y cada vez mas se unían a esta ultima “moda” en el frente de batalla y no podían abrir la puerta. Las catapultas dispararon hacia los cabecillas, que sufrieron un aplastamiento masivo y pude entonces disparar a el cabecilla de la túnica, acertando justo en el corazón, aunque no se inmutó. Tensé otra vez la ballesta pero otra muralla de zombis había vuelto a cubrir a sus lideres, por lo que no pude volver a disparar. Una mujer vino con un mensaje del frente sur, que decía que el ejercito proveniente del sur se había detenido y acampado, aunque una patrulla se dirigía hacia aquí. Eso quería decir que quizás eran aliados y nos podrían ayudar.
Pasaron un par de horas de lucha y había casi un centenar de cadáveres esparcidos por delante de la muralla. Un grito gutural, que se asemejaba al chillido macabra de un orco antes de entrar en una batalla, indico que habíamos ganado el primer asalto. Los zombis se retiraban hasta otro momento.
El júbilo reinaba por doquier y los gritos y la euforia eclipsaba el sonido de trompetas que indicaba que la patrulla se acercaba. Una decena de arqueros se pusieron en sus puestos y yo y Gina, mas los cuatro civiles armados con espadas salimos a recibir a la patrulla. Diez hombres armados y dos montados a caballo llegaron y, a unos metros de nosotros, desmontaron y se acercaron, tan solo los jinetes.
Un hombre joven, rubio, y bastante alto se acercó a mi y me estrechó la mano. Se presento como:
-Poltrack, suboficial del Nuevo Ejercito Aniquilador De Entes Muertos, venimos de la capital, nos han informado de que por esta zona hay un ejercito medio de zombis- el suboficial era verdaderamente un galán y después de que mi mente intentara imaginar un ejercito grande de zombis, teniendo en cuenta que este era medio, nos informó de los últimos acontecimientos- nuestro ejercito esta muy cansado de luchar contra los zombis, lleva una semana luchando sin cesar y casi sin dormir. Hemos eliminado a tres ejércitos grandes que venían del norte y a siete de medios que atacaron desde el sur, además de mas de dos docenas de grupos pequeños que atacaban a campamentos pequeños. Ahora nos toca eliminar a este ejercito, que ya es el ultimo que queda por eliminar, pues nos han informado que aquí hay los tres cabecillas líderes. Nos hemos enterado que todos esos muertos partieron de un solo ejercito compuesto por mas de quinientos zombis que fueron esparciéndose y formando nuevos ejércitos con los campesinos que iban abatiendo-
La explicación fue clara y concisa pero cuando pasamos al interior del alcázar, ahora ya extraoficialmente, el suboficial Poltrack y yo mantuvimos una charla privada en la que solo tuvo acceso Solrac, el otro jinete de la patrulla y mano derecha de Poltrack, y Thord, mi nuevo mejor amigo.
Después de casi media hora de conversación sobre los zombis y las diferentes técnicas de combate le pregunté, por curiosidad, cual era el ejercito grande mas grande con el que se habían enfrentado y su respuesta fue escalofriante:
-creo recordar que el ejercito mayor fue el de la colina de Sterwyck, verdad Solrac?- el amigo y consejero vaciló unos instantes y luego afirmo confiadamente- en esa batalla perdimos a casi trescientos hombres-
-pero cuantos zombis se contabilizaron?- preguntó Thord intrigado- debían de ser una barbaridad teniendo en cuenta que este ejercito, clasificado por usted de medio, consta de mas de mil unidades…-
pasó casi un minuto hasta que el suboficial Poltrack reaccionó a esta frase de mi compañero y solo acertó un par de balbuceos erróneos y carentes de significado.
Pregunté varias veces cuantos zombis había en el ejercito zombi de Sterwick y la respuesta del suboficial fue tajante:
-creo… creo recordar que en la… batalla de Sterwick nos enfrentamos a… – el suboficial hizo una pausa y tragó saliva- ..-unos trescientos zombis-

La noche cayó y tuvimos que despedirnos de un par de soldados que, montados en los caballos, se dirigían al campamento para mandar a las tropas prepararse para la lucha mas dura a la que jamás habían tenido que enfrentarse.
Poltrack andaba precipitadamente de un lado a otro murmurando desesperaciones sobre el tamaño de este ejercito. Por lo visto un error en el informe transformó los mil zombis en cien, lo que le encasillaba en la clasificación media, cosa totalmente errónea.
El ejercito del NEADEM constaba de unos quinientos soldados, cosa totalmente insuficiente para acabar con el gran ejercito que aquí había concentrado. Nos informó que siempre que un ejercito asediaba una ciudad en el primer asalto sacrificaba a una decena parte de su ejercito para que el enemigo bajara sus defensas y se tranquilizara, para después asaltar la ciudad rompiendo la puerta, cosa que podían hacer perfectamente.
Cuando nos disponíamos a salir fuera del alcázar, un soldado vino y me dijo que el ejercito zombi se dirigía hacia aquí. El temor se apoderó de nosotros y, como respuesta a una pregunta mía, Solrac me informó que el ejercito aliado tardaría tres horas en llegar aquí, por lo que tendríamos que sobrevivir durante bastante tiempo.
Los zombis se acercaban mas rápidamente de lo que cabía esperar y nuestro plan fue el siguiente: enfocamos las catapultas justo a la puerta, de manera que si derribaban la puerta descargaríamos las catapultas en su ultimo disparo y debilitaría un poco a los invasores. Colocaríamos tan solo a diez arqueros, seis en las torretas en las ballestas gigantes y cuatro mas, los mejores de todo el pelotón, para acabar con los que se acercaran peligrosamente a algún compañero en apuros. Los cuatro campesinos estarían en las catapultas hasta que ya no pudieran disparar mas y cogerían algún arma y lucharían junto con los ocho soldados de la patrulla mas dos de nuestros guerreros. Cuatro mujeres estarían en las torretas, dos en cada una, junto a dos hombres mas, uno en cada torreta también, mas los cuatro arqueros antes citados, lo que daba un total de veinticuatro “efectivos” ocupados. Las dos mujeres restantes quemarían las heridas de los heridos para intentar paliar los efectos de la transformación y el clérigo estaría con ellas para ayudar en las curas. De nuestro grupo, Lauranthanasa y Gina serian dos de los cuatro arqueros de precisión y Thord, Jon, Derek, Poltrack, Solrac y yo nos uniríamos a los combatientes cuerpo a cuerpo.
Cuando acabamos con la distribución tuvimos apenas cinco minutos para concienciarnos pus las flechas del exterior, provenientes de los arqueros zombis, que calculamos en unos diez. No eran muchos para nuestros arqueros de precisión, pero estarían entretenidos durante un buen rato, por lo que nos podíamos olvidar de su ayuda.
Las ballestas gigantes hicieron sus primeros disparos, comprobando que eran increíblemente potentes, pues de un disparo podían acabar definitivamente con un par de monstruos, lo cual no era mucho pero mas de lo que podíamos hacer con arqueros normales.
En un par de minutos los monstruos llegarían a la puerta y me dispuse a bajar abajo, preparado para luchar, cuando un grito me hizo mirar al campo de batalla, donde un centenar de jinetes irrumpió en escena para empezar a luchar contra los monstruos. Tan solo había pasado una hora, por lo que hice llamar a Poltrack para que me explicara lo acaecido.
-idiotas!- Poltrack estaba furioso- con su afán de salvarnos han dividido el ejercito enviando primero a toda la caballería para que resistiéramos mas hasta que los trescientos cincuenta soldados y los cincuenta arqueros llegaran-
-y eso no es una buena noticia?- pregunté algo extrañado
-no! Con esta división el ejercito es mucho mas débil y han sacrificado el factor sorpresa con el que podían disparar dos oleadas de flechas con los arqueros antes que los zombis se enterasen de nada. Cuando el resto de tropas llegué ningún caballero estará aun con vida y seguramente la mayoría ya se habrá convertido en zombi, por lo que tendremos el doble de enemigos para la mitad de fuerzas!-
las noticias eran muy deprimentes, y mas aún cuando Solrac, que también había subido a ver la batalla, identificó a Luzar y a Zalrol, los generales de caballería.
Nos dijo que no habían enviado a todos los caballos. Rápidamente, y con una eficacia asombrosa, Solrac calculó que faltaban diez jinetes, seguramente destinados a un general despiadado llamado Chacal, el general de las tropas de infantería, y a Malla, que dirigía a los arqueros.
De todas maneras, los jinetes habían acabado en unos diez minutos a mas de cien zombis, con unas perdidas del 63%, según Solrac.
Una saeta de Gina salvó a Zalrol de una muerte segura pero ni tan siquiera un disparo de la ballesta de la torreta oriental pudo salvar a Luzar de las garras de un cabecilla zombi, que le arrancó la cabeza de cuajo y siguió matando sin problemas, como si nada hubiese pasado.
Poltrack, con una rabia innata en él, bajó hacia el patio y intentó salir a luchar con el cabecilla, pues después descubrimos que Luzar y Poltrak eran hermanos políticos.
Después de media hora mas de cruenta lucha tan solo quedaban media docena de caballeros, entre ellos Zalrol, acorralados por medio centenar de zombis.
Las flechas iban todas dirigidas a ese grupo, inclusa la de las ballestas de las torres, ignorando por completo al resto de zombis que empezaba a derribar ya la puerta, en un intento de salvar a esos hombres. Los jinetes habían cumplido con su acometido, pues un vigía nos informó que en escasa media hora las tropas estarían aquí. Zalrol y otro jinete, los únicos supervivientes, consiguieron escapar del corro y galoparon hacia el bosque, para refugiarse hasta que el resto del ejercito llegase.

La puerta cayó en breves instantes y los zombis entraron en el patio. Quedaban aproximadamente unos seiscientos zombis, mas de los que podríamos acabar en media vida.
Las catapultas retumbaron y lanzaron dos cargas, que mas que bien hicieron mal. Detuvo a los zombis durante un reto, y como pusimos mas piedras de lo normal para que no lanzase demasiado lejos, algunos zombis quedaron atrapados y entonces empezó la batalla cuerpo a cuerpo de verdad.
Éramos veinte guerreros y contábamos con el apoyo de los arqueros, que ya estaban a nuestra disposición.
Empezó la batalla. Los ocho soldados de la patrulla formaron una piña y atacaron muy eficazmente a los zombis, que se separaron en dos grupos. El resto no había podido ni tan siquiera localizar un objetivo y ellos ya estaban luchando con una veintena de monstruos y acabado con otros tantos. Era increíble.
Una segunda descarga de las catapultas enterró a otro contingente de zombis que entraba y bloqueo parcialmente la puerta, por lo que el flujo de zombis que entraba se fue reduciendo considerablemente.
Un par de monstruos atacó a las catapultas y los campesinos abandonaron sus puestos y se fueron a luchar con nosotros. Thord y Derek se pusieron espalda contra espalda y se defendieron magníficamente. Yo, por mi parte, me dirigí hacia la zona de enfermería y acabé con un monstruo que estaba acercándose peligrosamente a una de las también improvisadas enfermeras. Cuando dos mas habían caído bajo mis armas un grito me hizo girarme hacia donde Thord, que estaba en el suelo al lado del cuerpo inerte de Derek, se defendía estoicamente de uno de los cabecillas. Empecé a correr y con un silbido puse en alerta a los saeteros de las torres, pero al girarme hacia las torretas caí en la cuenta de que las ballestas grandes no estaban preparadas para la lucha en el patio, por lo que solo podían disparar fuera del antiguo pueblo, convertido ahora en alcázar, cosa que hacían sin parar pues los zombis se amontonaban en la puerta para entrar. Actualmente había un centenar de monstruos en el patio y quinientos mas esperando turno.
Una estocada de Thord hizo que el cabecilla retrocediera unos metros y cayera en una trampa que antes habíamos preparado. Se trataba de un agujero que habíamos cavado lleno de estacas y de alquitrán, sacado de una tienda del pueblo. El cabecilla se clavó las estacas y no se podía mover y entonces uno de lo guerreros se acercó con una antorcha para prender el alquitrán pero el cabecilla le atravesó con una espada al acercarse. Yo cogí el relevo y tiré la antorcha desde una distancia prudencial y el cabecilla se quemó durante largo tiempo.
Reanudamos la batalla rápidamente y atacamos el frente de los zombis que se empezaban a amontonar. Los ocho soldados de la patrulla se habían convertido en solo cinco. Batallamos sin cesar durante casi un cuarto de hora hasta que un hecho nos conmocionó a todos;
Gina lanzó un grito y me giré en menos de un segundo y vi como el segundo cabecilla, el de la túnica no había actuado aun, saltaba por encima de la muralla hacía donde los arqueros estaban. Empecé a correr hacía la escalera de subida pero a medio camino me detuve, pues una ballesta había lanzado un proyectil hacía el cabecilla y le había atravesado. Quizás no lo volveríamos a ver, o quizás si. Igualmente, subí a la pasarela para ver el paisaje y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Un aglutinamiento de zombis estaba frente a la puerta y mas de cincuenta cuerpos yacían con flechas en su cuerpo. Entonces, como si de un milagro se tratara, un contingente de arqueros se colocó en posición de ataque a unos cien metros de la puerta y frente a ella y un contingente, aun mucho mayor, formado esta vez por soldados muy bien armados, se colocó delante de los arqueros. Una quincena de jinetes, entre los que destacaban Malla y Chacal, y Zalrol, que se había unido ya al grupo, se pusieron detrás de los arqueros, dispuestos a dirigir la batalla.
Los arqueros lanzaron una oleada de flechas que hizo que muchos zombis cayeran, otra oleada hizo que los zombis se dieron cuenta que el ataque venia por detrás, pero cuando se empezaron a girar una embestida de los soldados hizo que una batalla muy numerosa empezara. Los zombis caían como moscas, pero los soldados eran cada vez menos. Los arqueros tenían los arcos tensados pero no querían disparar por miedo a herir a sus compañeros. Me fijé entonces en el patio, en el que cada vez había mas cadáveres. No vi a ningún soldado de la patrulla, por lo que supuse que habían perecido. Solo quedaban una enfermera y el anciano, protegidos por un guerrero y por Jon, que tenia una herida en el brazo. Poltrack y Thord estaban en un rincón luchando con mas de una veintena de monstruos y en el suelo yacía el cuerpo de Solrac, sin apenas carne en uno de los brazos. Los arqueros no tenían ni un segundo para dudar y disparaban flechas a una rapidez considerable, aunque cada vez estaban mas cansados de tensar los arcos. Bajé precipitadamente por las escaleras y tumbé a dos o tres zombis, hasta llegar donde Thord estaba, protegiendo a Poltrack que también luchaba con valor. Me libré de dos zombis mas y un zombi se abalanzó sobre Jon, que cayó al suelo, donde pereció dolorosamente. El guerrero que quedaba cogió al anciano y se lo llevó por una calle estrecha, donde fue alcanzado por la flecha del que parecía ser el único arquero que quedaba dentro del patio. El guerrero cayó muerto al instante y el viejo le acompaño por su incapacidad de mantenerse en pie. El arquero tiró el arco y sacó una espada corta y corrió hacia el viejo. Corrí todo lo deprisa que pude pero no llegué a tiempo: el viejo fue asesinado y yo lo único que pude hacer fue matar al desgraciado que había matado al clérigo.
Volví a la zona de batalla a paso ligero, pero cuando vi al cabecilla de la túnica roja saltar sobre una torreta y liquidar en cuestión de segundos a las dos mujeres y al guerrero que había en ella, empecé a correr desesperadamente hacía donde estaba. Tropecé con un zombi que estaba devorando a la ultima enfermera pero volví a reemprender la carrera hacia donde Gina estaba. En breves momentos, los suficientes para que el cabecilla líder matara a un arquero de precisión y recibiera en el hombro un ballestazo de la segunda torre, pero sin consecuencias visibles, pues con la flecha clavada tuvo fuerza para matar a el otro arquero. Lauranthanasa clavó en el ojo descompuesto del monstruo mutante una saeta y esta se estremeció de un dolor quizás muy diferente al nuestro.
Llegué y empujé al cabecilla, que cayó fuera de la muralla. En esos minutos de descanso recibí un reconfortante abrazo de mi hermana, que lloraba desconsoladamente. Miramos entonces al campo de batalla, donde las cosas no iban muy bien. Había aproximadamente ciento cincuenta zombis y tan solo un centenar de soldados, aunque el resultado era favorable, pues los arqueros estaban al completo y aun había una quincena de caballos. La cosa parecía que marchaba bien pero entonces ocurrió una cosa que me machacó increíblemente, pues, como Poltrack había vaticinado, los caballeros muertos se levantaron convertidos en zombis y atacaron a los pobres soldados que, rodeados y en mucha mas minoría, estaban perdidos. Los arqueros miraron a Zalrol y este, con una cara de desolación que nunca había visto en un ser humano, afirmó lentamente. Los arqueros dispararon sin ton ni son y los zombis caían por una lluvia de flechas tan densa que era difícil ver nada del campo. Un grupo de zombis salió del bosque y atacó por detrás a los arqueros que se dispersaron y fueron presa fácil de los voraces monstruos.
Tan solo los caballos duraron cierto tiempo y, al final, tan solo Malla quedaba con vida, pues Zalrol y Chacal ya habían sido devorados por los muertos vivientes. Malla, de una moral increíble y un valor inigualable, se clavó la espada en el corazón y cayó al suelo ya sin vida.
Consternados por estos hechos, bajamos lentamente las escaleras y nos reunimos con Poltrack y Thord, que ya habían limpiado el patio de zombis. No hubo palabras, solo tristes miradas. Nos dirigimos a la catapulta, que ya estaba cargada, y la lanzamos a la puerta por la que volvían a entrar mas zombis. La puerta se bloqueó y tan solo una docena de monstruos, que fueron bastante eficazmente eliminados, pudieron entrar. Con la puerta bloqueada y tres cientos zombis esperando fuera era difícil salir por ahí. Examinamos mentalmente el pueblo y descubrimos que, en el intento de fortificarla y evitar que los zombis pudieran entrar por algún sitio que no fuera la puerta, cavamos al mismo tiempo una bonita tumba para nosotros.
Poltrack se abrazó a Lauranthanasa y Thord se sentó en el suelo desolado. Yo y Gina intercambiamos una mirada y nos abrazamos fuertemente. Cinco personas no podrían ganar a los zombis, sesenta veces superiores en numero. Tan solo quedaba esconderse y rezar. Entonces, un zombi se levantó de su muerte, al parecer no del todo cierta, y atacó por la espalda a Gina, que intentó infructuosamente defenderse. Le clavé la espada en el cráneo y soltó a mi hermana, pero fue inútil, pues estaba herida de muerte. Me levanté y me puse en posición de combate delante de la puerta, que empezaba a ceder por los golpes de los zombis, esperando a que los enemigos entraran. Me daba igual todo, no podía escapar y no pensaba esconderse, solo quería llevarme a la tumba al mayor numero de monstruos posibles, que a su vez solo querían vengarse de la muerte de sus lideres, pues al parecer el túnica roja también había muerto. A mi derecha apareció una hacha manchada de sangre violeta y detrás de ella había un orco que pensaba resistir conmigo hasta el final. A mi izquierda apareció un humano, quizás el mejor amigo que había tenido en esas ultimas horas y un suboficial excelente, que también estaba dispuesto a luchar hasta la muerte. Una elfa de largos cabellos se alejó prudencialmente e hincó la rodilla para después tensar el arco y lanzar saetas mortales hasta el final. Lauranthanasa, Thord, Poltrack, yo… quien sabe cuanto tiempo resistiríamos, quizás cinco minutos, quizás dos horas, o quizás tres días. Pero en algún momento pereceríamos y entonces, y solo entonces, nos reuniríamos con todos lo amigos que nos habían dejado hacia escasos momentos. Este era el fin, pero nos dio igual…

-eres un mentiroso abuelo- el niño, tapado hasta la nariz con las sabanas y temblando de pies a cabeza, dijo lo que pensaba a su abuelo, que le estaba contando la historia que él protagonizó- no me creo que tu fueras Neirolh, porque según lo que tu dices murió y tu estas aquí no?-
-sabes lo que pasó con los caballeros muertos?- dijo Neirolh, un abuelo aun en buena forma física
-sí -contestó el niño- que se convirtieron en zombis… no insinuaras que tu eres un…? abuelo? Que te pasa? Porque no dices nada?… aléjate abuelo! Tengo miedo! Abuelo! Aparta! AHHHHHHH!-

FIN

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