Historia para no dormir (III)

En un momento Jon abrió la puerta y salió con Clift en dirección al almacén y Berilo y Back se colaron entre dos casas para llegar a la cuadra.
Neirolh salió antes que Gina y miró a la casa rodeada de zombis.
Había varias docenas tirados en el suelo, con flechas clavadas, cortes y algún que otro miembro amputado.
Desde las ventanas del piso superior varios arqueros tiraban a los zombis que había abajo y de vez en cuando una olla con aceite hirviendo caía en la cabeza de los putrefactos cuerpos.
Neirolh sabia que era muy difícil acabar con los mas de cien cadáveres andantes que pululaban por los alrededores de la casa pero se tenía que intentar.
Antes de nada Neirolh hundió su maza en la cabeza de un zombi que se acercaba demasiado y después de desincrustarla la volvió a clavar en el costado del zombi.
Gina lanzó una flecha y se clavó hasta el interior del corazón, provocando que este se derrumbara en el suelo.
Esta ballesta era mucho mas buena que la anterior y con una sola flecha podía acabar con la vida de un muerto viviente.
Cuando Neirolh desenfundaba su espada para defender a Gina mientras esta derribaba a los zombis sintió que algo le tocaba el hombro y se giro con intención de clavarle la espada.
Cual fue su sorpresa al ver que Gina le alargaba una especie de brazalete del que colgaban dos tiras de cuero y en el que había dos agujeros.
También le entrego un carcaj con varias docenas de flechas.
-tienes que colocarte ese aparato en el brazo y esa palanquita te la has de poner debajo de los dedos, a modo de guante-explico Gina -cada vez que tires de esa palanca echando para atrás los dedos, dos flechas saldrán de esos orificios y tu tendrás que poner dos flechas mas por aquí. Ves?-
-porque me das esto?- dijo Neirolh- no se supone que tendrías que utilizarlo tu?-
-yo me sobro con la ballesta- respondió Gina- además, yo no puedo utilizar las dos cosas a la vez y tu puedes de sobra coger la espada colocándote el mango entre la palanca y los dedos o utilizar la espada con la mano izquierda-
la conversación se paró en seco cuando un par de zombis se abalanzaran sobre ellos.
Gina clavo una flecha en el corazón de uno mientras que Neirolh hundía su espada en el cuello de otro y utilizaba esa especia de ballesta contra el tercero, que cayó con una flecha en el corazón y otra en el costado.
La lucha empezó y los zombis caían como moscas, pero Neirolh y Gina no podían estar así toda la vida, pues dos humanos, por muy buenos luchadores que sean, no pueden hacer nada contra una horda de putrefactos cadáveres andantes.
Cuando media docena de muertos vivientes estaban en el suelo la puerta de la casa se abrió y empezaron a salir hombres, mujeres y algún niño armados con palos, horcas, lanzas y alguna espada y ballesta.
Cargaron de inmediato contra los zombis, que estaban de espaldas a ellos, lo cual les permitió descargar la primera embestida impunemente.
Neirolh y Gina se dieron rápidamente cuenta del enfrentamiento que se daba lugar allí: había unos ochenta zombis luchando contra una veintena de hombres, mujeres y niños pobremente defendidos.
Es verdad que Neirolh y Gina mataban mas que todos los hombres juntos pero ahora ese tumulto humano hacia de cebo mientras nuestros dos héroes mataban zombis a diestro y siniestro.
De la casa, en las ventanas de la segunda planta, Neirolh había contabilizado unos doce arqueros, lo que daba un fuerte apoyo a nuestros amigos.
Gina se dio la vuelta y vio como una treintena de zombis mas avanzaban hacia ellos. Esto se estaba convirtiendo en una verdadera escaramuza, de la cual no tenían muchas posibilidades de salir vivos.
Gina aviso a Neirolh y decidieron de subir a las ventanas de la casa para apoyar a los arqueros.
Cual fue su sorpresa al ver que algunos zombis estaban entrando en la casa para matar a los arqueros.

Jon y Clift avanzaban cautelosamente por una calle en la que había una posada, un gimnasio y varias casas grandes, no había señales de zombis, pero tampoco las había de humanas.
Esperaban encontrar supervivientes, alguno herido quizás, pero no encontraba nada, ni siquiera cuerpos muertos.
De repente un zombi salió de un callejón, sin brazo y con varios cortes, y cuando vio a nuestros amigos huyó en dirección opuesta a la nuestra.
En una centésima de segundo un zombi salió propulsado del callejón, cayendo contra el suelo estrepitosamente. El monstruo empezó a levantarse, pero una figura salto de las sombras y le hundió una hacha en la espalda, haciendo así que muriera en el acto.
La figura se levantó y miró a nuestros amigos, saludando con la mano, a lo que Jon correspondió con unas palabras amistosas:
-se agradece ver un humano a estas alturas- dijo dicharachero.
-es verdad, aquí todo esta muy muerto- bromeo el individuo- me llamo Greklint, y ya tenia ganas de encontrarme con alguien.
La voz parecía apacible, con un aire tranquilizador, pero dentro de todo eso la voz sonaba gutural, carrasposa.
La figura salió de las sombras, sacando el hacha del cuerpo. Nuestros amigos pudieron ver que era una hacha orquiana , lo que les hizo sospechar ligeramente.
Cuando la figura empezó a revelarse, pudo verse perfectamente de que se trataba: era un orco, seguramente encarcelado antes del incidente y liberado después de el.
Jon y Clift desenfundaron las armas pero el orco, Greklint, les tranquilizó:
-tranquilos chicos, tranquilos- dijo apaciblemente- no soy vuestro enemigo, al menos en esta situación… tenemos que permanecer unidos-
-de donde has salido? – vociferó Clift- no hay muchos orcos por esta zona y no creo que entrases en la ciudad por casualidad.
-estaba encerrado en la cárcel, junto con cuatro compañeros- explico el orco- pero al ver que media ciudad se transformaba en esas cosas -Greklint señaló al cadáver- el guardián de la celda nos liberó, al igual que al resto de presos, y formamos un grupo bastante poderoso-
-donde esta ahora ese grupo tan poderoso?- ironizó Jon- te ha abandonado?-
-no, por desgracia nos tuvimos que separar porque los zombis nos encontraban muy fácilmente y cada grupo se fue por su parte, hemos quedado dentro de una hora en el ayuntamiento, para huir de la ciudad- Greklint bajó la cabeza- pero mis compañeros han muerto todos, todos se han convertido en esas criaturas malignas, mas perversas que el mismísimo Sauron, que en paz descanse.-
Jon encolerizó al oír eso pero no pudo atacar al orco, porque ese orco valía mucho, valía mas que diez hombres no guerreros y no estaba la cosa como para desperdiciar hombres… o orcos.
Greklint explicó que se sorprendió al ver como sus compañeros también se transformaban en zombis, ya que pensaban que solo los humanos contraían el virus
-virus?- pregunto Clift- así que todo eso lo causa un virus?-
-así es- dijo Greklint- no se puede hacer nada, pero hay gente que es inmune. Nosotros somos la prueba-
cuando el grupo empezó a andar hacia el almacén, un par de perros convertidos también en zombis empezaron a galopar hacia ellos con no muy buenas intenciones.
Jon alzó el brazo, apuntó y hizo ademán de disparar pero no salió ninguna flecha del brazo.
Entonces recordó el momento en que le dio el brazalete a Gina, para que pudiera defenderse…

-ten Gina- dijo Jon- coge esto, se coloca en el brazo y dispara flechas apretando esta palanquita, ves?-
-para que me lo das a mi? Tu lo puedes necesitar mas que yo- razonó Gina- además, yo ya tengo la ballesta-
-insisto- suplicó Jon- me quedare mas tranquilo si tu lo llevas. Yo… eh… tengo la muñeca muy gorda para utilizar este cacharro-
-menuda excusa mas banal- bromeó Gina- pero bueno, aceptare la ofrenda y, si no te importa, le daré este aparato a mi hermano, que lo utilizará mejor que yo-
-me parece bien Gina- Jon estaba encendido por dentro, ya que quería que Gina se lo quedara, pues él estaba enamorado de ella desde hacia tres años- puedes dárselo a quien tu quieras-

Jon estaba entonces aun mas encolerizado, en parte por la aparición del orco fiel a Sauron, en parte por la negación de Gina a ver que estaba loco por ella, y lo pagó a martillazos contra uno de los perros, mientras Greklint y Clift se encargaban del otro.
Jon asestó al perro mas de quince golpes, aunque el chucho murió al tercer o cuarto martillazo.
De repente un perro que salió del callejón se abalanzo contra el orco, tumbándolo. El orco soltó un chillido mientras el perro le mordía la espalda y le arrancaba trozos de piel, tragándoselos al instante.
Clift reaccionó primero y hundió su espada en el lomo del animal, permitiendo así que Jon le destrozara la cabeza de un golpe de martillo, provocando que el perro se desplomara en el suelo.
El orco se levanto balanceándose, tocándose el cuello, que le sangraba, y pidiendo que no le mataran, que lucharía junto a ellos hasta que pudiese y que cuando se convirtiese en zombi, se dejaría matar.
Jon le cogió el hacha y se la clavo en el estomago, cerca del pulmón, matándolo.
Clift no dijo nada, tiró su espada y recogió el hacha del suelo, llena de sangre verde.
Continuaron andando y Clift no se atrevió a decir nada hasta que divisaron el almacén, en el que había un par de hombres luchando contra varios zombis.
Corrieron hacia allí con cierta rapidez.

Gina y Neirolh se hacían paso entre los zombis a flechazos, provocando que un buen numero murieran.
En poco tiempo llegaron donde el resto del grupo luchaba contra los muertos vivientes y hablaron con el que parecía el cabecilla.
Les explico que estaban perdiendo muchos hombres y que solo diez de los veinte estaban aun en condiciones de luchar.
Aun quedaban una cincuentena de zombis e iban llegando mas.
El cabecilla les dijo que pasaran dentro, que es donde estaban los heridos y una docena de arqueros, junto con mujeres y niños que no querían luchar.
Nuestros amigos entraron dentro, no sin antes tumbar a cuatro o cinco cadáveres y vieron un espectáculo horrible:
Varios hombres, unos seis, estaban en el suelo con mordeduras de zombis y cinco mujeres hacían las veces de enfermeras, curándoles las heridas.
Gina se quedó ahí, para ayudar en la cura y para matar a los hombres que se convirtiesen en monstruos.
Neirolh subió a la segunda planta donde había trece arqueros dándoles a gusto a los zombis y tres niños que suministraban flechas a estos.
Cuando llegó un hombre le dijo que se apostara en una ventana y empezara a disparar.
Neirolh hizo caso y se asomó por la ventana y vio como siete hombres luchaban contra mas de cuarenta zombis.
No tenían muchas esperanzas pero con el apoyo de los arqueros aun quedaban opciones;
Disparó dos flechas, que impactaron contra el corazón de un muerto viviente y en la cabeza de otro, provocando que el primero muriera y el segundo retrocediera un poco.
El hombre que había invitado a disparar a Neirolh le preguntó como lo hacia para derribar a los zombis de un flechazo y le explicó que si les dabas en el corazón, ya sea con flecha o con algún objeto punzante morían al instante.
En ese momento las cosas empezaron a cambiar: los arqueros iban directamente al corazón y las muertes se duplicaron en un santiamén.
Al cabo de siete muertes nuestro héroe oyó gritos abajo, y bajó corriendo.
Cargó dos flechas en el brazalete e hizo un breve recuento de las que le quedaban.
Tenia en el carcaj siete flechas y dos mas en la ballesta-brazalete, mas las treinta que tenia Gina hacia un total de cuarenta flechas, lo que no significaba una gran cantidad.
Bajó las escaleras de dos en dos y cuando llegó abajo vio como los heridos se habían levantado y atacaban a las enfermeras, mientras Gina hacia lo que podía para salvar sus vidas.
Neirolh bajó y tumbó a tres , quedándose entonces con cinco flechas tan solo. En poco tiempo habían eliminado a todos los intrusos pero ellos habían acabado a su vez con las cinco enfermeras.
Solo quedaban los doce arqueros y los tres niños de arriba.
Gina fue ahora para arriba, no sin antes darle a Neirolh veinte flechas, porque así los niños de arriba le darían mas.
El salió fuera y vio como solo dos hombres luchaban contra aproximadamente veinticinco y que los arqueros ya no disparaban.
Neirolh Gritó con todas sus fuerzas para llamar su atención y les indicó que subieran, que se resguardaran dentro de la casa.
Ellos vinieron corriendo y les pidió que subieran al segundo piso mientras el cogía media docena de carcaj con flechas que había en un rincón.
Subió y después de pasar pusieron un armario para bloquear el paso.
Los doce arqueros estaban sin flechas y cuando Neirolh llegó le aplaudieron estrepitosamente.
Había seis carcaj con treinta flechas cada uno, excepto uno en el que había cincuenta, y lo repartieron de la siguiente manera:
Quince flechas por arquero, incluido Gina y las veinte flechas que quedaban se las dieron a Neirolh, así que ahora tenia cuarenta y cuatro flechas y Gina veinticinco, aunque Neirolh solo podía disparar veintidós, ya que su ballesta disparaba las flechas de dos en dos.
La situación era difícil y a la vez fácil;
Sabían que había unos quince muertos vivientes en las escaleras, pegados a la puerta, y que habían llegado un mínimo de veinte, y seguían llegando de todos los lados.
El cabecilla había muerto y nombraron a otro, que fui yo…

-tu?- el niño miraba asombrado a su abuelo- tu eras Neirolh, el intrépido guerrero?-
-bueno, me has descubierto- el anciano sonrió dócilmente y le explicó a su nieto que él era Neirolh y que esa historia la protagonizó él hace ya cuarenta años- que te parece?-
-no me creo tu historia abuelo- el niño se mofó- los zombis no existen-
-si existen, y yo luche contra ellos, junto con Gina y los demás- el abuelo sonrió- pero bueno quieres que siga o no?-
-sigue, sigue abuelo-
-como iba diciendo Neirolh era ahora el cabe… bueno, yo era ahora el cabecilla y me disponía a preparar un plan para salvar a mis compañeros-

decidí de no gastar flechas y esperar a que algo pasase, no sabia el qué pero algo tenia que pasar, lo sabia y era cuestión de esperar.
Era esa… esa intuición bélica que yo poseía desde pequeño, sabiendo cuando algo malo pasaba, o bueno depende.
En las guerras contra Sauron, yo estaba junto con un centenar de guerreros persiguiendo a unos orcos que huían y de repente vi una emboscada.
No una emboscada material, no, sino en mi mente, vi como todos moríamos y ordené un alto.
El capitán hizo rodear a un grupo de espadachines la montaña, encontrándose con varias decenas de arqueros, dándose así una pequeña escaramuza que solo se llevó a tres guerreros de nuestro bando.
Esa misma sensación es la que yo sentía ahora, pero por el lado benigno, así que decidí no intentar nada, sino esperar.
Al cabo de tres horas estaba hasta los mismos de esperar y fuera había mas de doscientos zombis.
La confabulación se levantaba a mi alrededor y sentí que solo Gina me apoyaba. Tenia que hacer algo.

Back estaba muy nervioso y Berilo intentaba, infructuosamente, tranquilizarle.
-tranquilo Back! Seguramente ya no tardaran mas! Conocemos a Neirolh y no es de esas personas que llegan tarde-
-no sabéis de lo que habláis!- Jon interrumpió la conversación enfadado- no hace ni cinco horas que conocemos a Neirolh y ya habláis como si lo conocierais de toda la vida-
Clift se despertó de su pequeña siesta. Estaba en el torreón derecho de la puerta principal y se levantó somnolientamente.
Miró abajo y vio a sus tres compañeros discutir. Hacía ya dos horas y media que esperaban a Neirolh y a Gina y estos aun no habían llegado.
Era normal que el pánico se apoderase de ellos, ya que, aun todas las evidencias que apuntaban a que habían muerto, no se resignaban y no lo harían jamás.
Jon estaba perdidito por Gina y no pensaba abandonarla, y como él sabia que Neirolh era muy importante para ella tampoco iba a dejarlo a el.
-esperaremos una hora mas- opinó Clift- después yo votaría por largarme de aquí, además los zombis empiezan a olernos y aun que haya una verja que nos proteja- entre la muralla y la ciudad había una empalizada de medio metro que cubría a nuestros nerviosos amigos, por lo que en un principio no corrían peligro- pueden encontrar la forma de entrar.
De todas formas Back, que ahora, junto con Berilo, ya sabían que los zombis eran provocados por un virus, hizo una pequeña lógica:
Cuando un humano es convertido en zombi, pierde, por ejemplo, un 90% de su materia gris, por lo que es posible que haya zombis mas listos que otros.
Esa teoría era demostrada en el claro ejemplo del zombi que huía del orco, sabiendo que era mas fuerte que él, cosa que los otros no habían comprendido, por lo que Back presumía que ese zombi debía de ser un sabio, un medico, o un párroco en vida.
Al cabo de una hora los primeros zombis asomaban la cabeza por las diferentes calles de la ciudad y no tardarían en llegar mas.
No hay ni que decir que el grupo estaba muy nervioso y que corrían un serio peligro: los zombis podían traspasar la valla.
De repente, sin que nadie lo esperase, un zombi saltó la valla con total agilidad y se acerco a Berilo, quien sacó la espada e hizo ademán de clavársela al zombi, que no paro en su lenta marcha.
Clift le identificó como Charles Barren, un gimnasta reconocido en todo el pueblo por sus acrobacias en las anillas.
Estaba claro que la teoría de Clift tenía fundamento: ese zombi en la vida humana era un gimnasta de renombrado éxito por lo que ahora saltar una valla era una tarea no muy dificultosa.
El zombi no mostraba ningún signo de intelecto salvo el nombrado y Clift agregó que no era un chico muy listo.
Berilo acabó rápidamente con su semivida con una flecha lanzada por su ballesta, que había recogido de la herrería.
Él y Back habían recogido cuatro ballestas de la herrería y unas doscientas flechas, que dividieron en cuatro partes iguales. También había lanzas, espadas y hachas pero no cogieron nada, excepto una daga de acero macizo, con tiras de plata en el mango para Gina.
En la cuadra habían encontrado tan solo seis caballos, que cogieron para el grupo. Ahora los equinos estaban atados cerca del torreón izquierdo, donde había un abrevadero y paja.
En el almacén Clift y Jon habían cogido en unas mochilas de cuero provisiones para seis personas para una semana de viaje, lo que les permitiría llegar sin problemas a Releer.
En las mochilas, que llevaban Jon y Clift, había queso, pan de viaje, bollos, manteca y algún embutido de primera calidad, mas un kit para hacer fuego, compuesto de yesca y pedernal y unas pastillas hechas de queroseno para prender fuego rápidamente.
Aun no había noticia de Gina y Neirolh y no había ninguna señal que indicase que estaban vivos.
-no podemos esperar mas!- Berilo parecía un poco mosqueado y en parte tenia razón-
-no puedo creer que haya muerto- Jon parecía realmente dolido- no podemos esperar mas, tenemos que irnos, no podemos…-
– mirad!- Clift, en el torreón, interrumpió bruscamente a Jon- es Gina! Viene hacia aquí-
todos miraron en donde Clift tenia puesta la mirada.

CONTINUARÁ…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s