Historia para no dormir (II)

CAPITULO 1: EL DESPERTAR

Neirolh, un humano que vivía en la pacifica ciudad de Ítaca, se despertó una mañana con una hambre voraz.
En esos momentos Neirolh se preguntaba, mientras orinaba en la incomoda letrina del austero baño, si realmente hoy encontraría trabajo.
Todos los días salía a la calle a buscar, tienda por tienda, algún trabajo que le proporcionase una fuente de ingresos.
Neirolh participó en las antiguas guerras contra los orcos de Sauron, y el propio Bilbo había hablado con él hacia ya tiempo… pero ahora reinaba la paz en Tierra Media, y los guerreros como él no tenían qué hacer.
Es verdad que él no era un guerrero al 100%, ya que poseía nociones de medicina, de leñador, etc.
Antes de la guerra él buscaba setas por el bosque, por lo que conocía la manera de poner y desactivar trampas efectivas que pudieran matar desde un conejo, a un oso.
De todas formas hoy era un día especial. Neirolh lo sabía.
Tenia dolor de cabeza y fuera llovía a mares. Echó una ojeada a la calle pero no vio a nadie, salvo a un hombre tendido en el suelo, seguramente un mendigo que estaba durmiendo allí.
Neirolh estaba en paro, pero tenia corazón. Cada día se encontraba con media docena de mendigos y siempre les daba alguna cosa útil;
Pan, carne, vino, algunas monedas o incluso ropa vieja que él ya no podía usar.
Hace tiempo se peleó con un pobre porque el desdichado quería la espada de Neirolh y este no se la quería dar. Neirolh es de complexión robusta y tiene una fuerza atroz, pero no mató al mendigo, sino que lo dejo inconsciente para poder marcharse sin herirle.
Neirolh bajaba las escaleras con intención de ir a almorzar, para su posterior caza del trabajo, que así es como la llamaba él.
Bajando por las escaleras oyó unos quejidos en la calle, pero no reparó en ello, ya que aun estaba adormecido. Se sentó en la mesa con un plato de cereales y un par de rebanadas de pan tostadas con una indigente cantidad de leche fresca y media docena de bollos de los que su hermana le traía de vez en cuando.
Vivía solo y no estaba casado, solo tenia a su hermana, ya que sus padres fallecieron por la guerra.
Gina estaba casada con el panadero del pueblo y siempre que podía salir de la escuela donde trabajaba de profesora -y también educaba a sus dos hijos- le traía bollos que warren, el marido, había preparado especialmente para él.
Gina trataba a Neirolh como a otro de sus hijos, y cuando faltaban las monedas siempre había plato y cama en su casa.
Cuando Neirolh acabó de almorzar se tomó una ducha de agua fría y se vistió rápidamente.
Cogió su currículo -un papel firmado por el alcalde de la ciudad diciendo que era apto para una serie de empleos- y se dirigió hacia el armario, donde su espada y su escudo le esperaban.
Gina le había dicho repetidas veces que no hacia falta que se llevara cada vez que salía su arma, ya que la guerra había acabado.
Neirolh siempre respondía con las mismas palabras:
-nunca estas a salvo en un mundo en el que existen los orcos, y no pienso dejar de coger mi espada y mi escudo, por si hay contrariedades-
Ese día, de todas formas decidió no coger el arma, muy a su pesar, porque iba a visitar una iglesia, en la que quería entrar como bedel, y ya se sabe que los clérigos odian las armas.
Neirolh era ateo, ya que no creía en los dioses que allí se adoraban. No quería creer en aquellos que crearon el mundo, los valar, los cuales existían realmente y de vez en cuando visitaban los pueblos.
De todas formas él era ateo y nadie le podía sacar de sus casillas.
Salió a la calle y se dirigió callejón arriba, en donde había visto por la ventana al vagabundo y se sacó del bolsillo dos monedas de bronce, suficiente para comer caliente una vez.
Caminó tranquilamente, aunque la lluvia caía frenéticamente sobre su cara, como si quisiera aplastarla.
Llego al callejón y se dispuso a tirar con un poco puntería las dos monedas pero vio que el mendigo había desaparecido: en su lugar había manchas de sangre.
Neirolh se detuvo un instante y miró a lado y lado de la calle, luego miró el reloj que Gina le había regalado por su cumpleaños.
Después de la guerra un grupo de nutridos guerreros exploró las mazmorras en donde Sauron había hecho experimentos diabólicos y encontró un aparato que se ataba a la muñeca y que media de forma lógica y esquemática el tiempo.
Ese objeto se estudió laboriosamente y en dos meses salió a la venta por quinientas monedas de oro.
Era mucho dinero, pero Gina podía permitirse eso y mucho más. Al fin y al cabo warren daba pan y demás a mas de quinientas personas o sea que se lo podían permitir.
Eran cerca de las once de la mañana y a las once y media tenia que estar en la iglesia.
No pensó en el cadáver y continuó su camino, apretando ahora un poco mas el paso, en dirección a la iglesia.
Torció a la derecha después de diez minutos y luego a la izquierda, cruzó dos mercados -cerrados- y al fin se paró a pensar un poco en la situación;
Había cruzado medio pueblo y aun no había visto a un ser vivo. Ni mujeres, ni niños, ni hombres, ni perros, ni gatos…
Se paró en seco delante de una tienda de armas y miró a su alrededor. Vacío.
Observó mas de diez tiendas y todas estaban cerradas y no había nadie en la comisaría, en donde siempre vigilaban unas docenas de hombres armados.
Aquí fue donde se comenzó a preocupar.
Llamó a una casa, con el objetivo de preguntar al correspondiente amo si sabia lo que ocurría pero nadie contestó.
Llamó a tres casas mas y tampoco hubo respuesta.
De pronto pensó en el mendigo y en los gemidos que había oído bajando las escaleras y se llevo la mano al cinto, descubriendo que solo una bolsa con monedas colgaba de el.
La espada, junto con el escudo, estaba en casa, en el armario. Sintió la necesidad de salir corriendo a buscar esos tan preciados objetos que él amaba pero recapacitó y pensó que no pasaba nada, que todo estaba bien y que solo faltaban tres manzanas para llegar a la iglesia.
Empezó a andar, con cierto nerviosismo, y pasó una manzana de la misma manera que un ratón pasa por un laberinto, nervioso y sin saber que pasa exactamente a su alrededor.
Llegó a la iglesia y se encontró de frente con el párroco, lleno de sangre, que se balanceaba hacia él, arrastrando los pies. Tenia la carne en estado de descomposición, putrefacta y emitía unos gemidos parecidos a los que había oído antes.
Neirolh le preguntó que le había pasado, que donde estaba el resto de la gente, pero el párroco no hablaba ni hacia ningún gesto de comprensión, solo avanzaba lentamente hacia él.
Neirolh retrocedió un poco, asustado, pero seguía hablándole.
De repente, una flecha voló sobre su cabeza y se clavó en la pierna del párroco, provocando así un gemido mayor. Otra flecha fue a parar al corazón, otra en el costado y dos mas en la cabeza, haciendo que el párroco… que el monstruo… que lo que fuese se derrumbase en el suelo.
Neirolh se giró y vio a un grupo de cuatro personas, una de ellas era Gina.
-¿que se supone que era eso?- vociferó Neirolh.
– !No grites!- exclamó Gina- o vas a atraerlos a todos hacia aquí-
– ¿a quienes?-
-a los muertos vivientes- dijo un hombre armado con una ballesta- no sabemos que diablos son ni de donde han salido pero esta noche casi todo el pueblo se ha convertido en eso-
-¿zombis? Venga ya! Eso era un zombi? Eso era la persona con la que yo tenia que entrevistarme ahora para un trabajo en la iglesia!-
-la cita se ha cancelado- ironizó Gina- ahora tenemos que escapar del pueblo o nos molerán a palos. Este mismo se levantará en pocos minutos-
-este?- dijo Neirolh- este esta mas muerto que el mil veces maldecido Sauron!-
-te equivocas de cabo a rabo- dijo otro de los hombres- yo he partido en dos a un niño hace media hora con esta misma espada y seguía avanzando hacia mi, pero en dos partes-
-no se les puede matar?- pregunto Neirolh.
-si, se les puede matar, pero solo si se les separa la cabeza y al menos dos extremidades del tronco- dijo Back, un carpintero del pueblo que Neirolh no conocía personalmente- entonces mueren.
-entonces lo tenemos difícil no?- aclaró Neirolh- si ha pasado esto en todos los pueblos y ciudades las razas de tierra media corren un grave peligro-
-así es Neirolh- dijo Gina- pero no tenemos la certeza de que haya pasado en todos los sitios-
-además, nosotros no estamos afectados, por lo que habrá mas gente que no lo estará- razonó Back-
o eso creo-
-porque nosotros?- pregunto Neirolh- al fin y al cabo no somos especiales ni nada de eso-
-sabemos que si un zombi te muerde tu no tardas mucho en convertirte en uno- dijo uno de los hombres- por lo que es posible que en un principio solo haya habido uno o varios zombis que han ido convirtiendo a el resto-
-razón de mas para creer que en otros pueblos o ciudades no están en esta situación- se alegró Neirolh- aun tenemos una posibilidad!-
-si pero ahora debemos huir a un sitio seguro- dijo Gina- ya se acercan-
Neirolh se giró y vio como docenas de zombis se acercaban hacia ellos con no muy buenas intenciones.
-deberíamos ir a mi casa- propuso Neirolh- allí están mis armas y podemos coger provisiones-
-No!!!- exclamó uno de los hombres- iremos a mi casa, allí te proporcionaré armas, armadura y provisiones de sobras y además tengo varios mapas del pueblo y de las cercanías.

La decisión estaba tomada: emprendimos el viaje hacia casa de Jon, un herrero de la ciudad.
Allí nos armaríamos mejor y partiríamos hacia Releer, una ciudad pesquera situada a 7km. Al noroeste de Ítaca, en donde esperaban encontrar seres humanos en vez de zombis.
Andaban apresuradamente calle abajo esquivando a los zombis que les salían de casas y callejones.
Desde luego no los mataban, pero sí los dejaban inconscientes si estorbaban el paso.
Neirolh cogió una hacha que había en una tienda y se defendió con ella de los putrefactos cadáveres andantes que querían saborear la carne humana.
Uno de los zombis, un cocinero que aun llevaba el sombrero y el delantal típicos de la profesión, mordió al hombre de la ballesta en el brazo, provocando un grito que se nos caló los huesos con una punzada penetrante.
El hombre, enrabiado, le asesto un ballestazo en el ojo, lo que irrito al cadáver andante en sobremanera y hizo que se abalanzara en una segunda descarga hacia el hombre herido.
Back le hundió la lanza en el costado derecho y Jon le amputó un brazo. Yo le clavé el hacha en la espalda y por fin Gina le atravesó el cuello con una flecha. El cuerpo cayó al suelo llevándose consigo a el hombre herido, provocándole así una contusión en la pierna.
El hombre, que Gina llamó como Benin, soltaba maldiciones sobre los zombis mientras apaleaba a el cuerpo inerte.
Neirolh levantó la cabeza y vio a varias docenas de zombis avanzando en su paso fúnebre hacia nosotros, lo cual hizo que nos pusiéramos en marcha en la dirección contraria.
Benin se tambaleaba por la perdida de sangre que el mordisco le provocaba y Gina y Jon le tenían que aguantar para que se sostuviera en pie.
Back y Neirolh eran los encargados de despejar las calles de zombis y pronto descubrieron que si a los zombis se les clavaba un objeto punzante en el corazón y se dejaba ahí, morían.
Era una muerte particular, pues en el momento en que el objeto punzante era extraído del zombi este volvía a moverse, como por arte de magia.
Eso tampoco solucionaba mucho las cosas ya que solo disponíamos de una lanza y no la podíamos dejar clavada en un cuerpo mientras nosotros la necesitábamos.
Las flechas tampoco solucionaban el problema, pues las ballestas eran de mala calidad y no conseguían atravesar hasta el corazón la piel putrefacta de los zombis.
En un cuarto de hora de largas calles habíamos matado a dos zombis y tumbado a mas de quince, además de los que se habían quemado en una tienda de licores que Gina incendio para poder encerrar a mas de veinte zombis que estaban dentro.
Benin casi no podía tenerse en pie y le costaba respirar; hacia cinco minutos que pedía que le mataran y le dejaran, pero esa no era la intención de nuestro amigo Neirolh, que sabe que un hombre, aunque este herido, es un objeto valioso en una situación bélica.
Ahora era él quien llevaba en los hombros a Benin, casi inconsciente, impidiéndole así poder defenderse de los muertos vivientes.
Al llegar a una plaza en la que medio centenar de zombis se agrupaban en torno a una tienda en la que había tres supervivientes Neirolh planteo el ir a rescatarlos, distrayendo la atención de los zombis, para poder sacarlos de ese lugar.
Los otros estuvieron de acuerdo en que se tenia que rescatar a esos hombres pero se levantó una discusión sobre quien seria el cebo.
-yo me ofrezco para hacer de cebo- dijo Benin- de todas formas estoy muerto, ya que ese mordisco me transformará en un par de horas en zombi y seria un problema para vosotros-
Benin tosió y escupió un poco de sangre y observo como el resto del grupo le daba la razón en silencio.
Neirolh elaboro un plan en el que mientras Benin gritaba desde un rincón a los zombis el resto del grupo iría a la tienda y eliminaría a los zombis que quedasen y rescatarían a los hombres, luego salvarían a Benin, si es que aun estaba vivo…
Gina le cogió una veintena de flechas de su carcaj y le dejó la ballesta lista para disparar.
Tenia doce flechas, por lo que podía tumbar a unos tres zombis o intentar clavar en el corazón de esos inmundos seres el mayor numero de flechas posibles.
Después de una calurosa despedida, el grupo se escondió detrás de unas cajas en espera del momento en el que Benin se pusiera a gritar y así firmar su sentencia de muerte.
Justo en ese momento uno de los tres hombres salto a través del cristal y empezó a correr en dirección sureste, hacia el museo, en un intento desesperado de huir, dejando así un hueco de entrada a la tienda que los zombis no tardarían en descubrir.
Eso hizo pensar a Neirolh que tal vez no valía la pena perder a un hombre por intentar salvar a dos.
era una mayoría, sí, pero no había una seguridad de salvar a esos dos hombres.
En el momento en que Neirolh intentaba convencer a Gina de que no valía la pena derrochar la vida de Benin por el mero hecho de intentar salvar a dos hombres Benin empezó a gritar a los zombis, que se giraron y avanzaron lentamente hacia él.
Durante dos minutos el grupo de guerreros permaneció silencioso, esperando a que los zombis mataran a Benin para poder rescatar a los dos hombres encerrados en la tienda.
De la cincuentena de zombis solo se quedaron tres en la tienda, mas dos en el suelo, con flechas clavadas de los hombres de la tienda.
Estos miraban atentamente como un hombre que desconocían moría por salvar su vida, y de cómo cuatro personas mas arriesgaban las suyas para tal fin.
No tardaron mucho en saltar de su escondrijo y enfrentarse a los tres cadáveres que quedaban, siendo apoyados por Gina con su ballesta.
Neirolh, Jon y Back se dirigieron rápidamente a ayudarlos, atacando cada uno a un zombi, dejando así a los dos hombres libres de luchar.
Los zombis que se acercaban a Benin se quedaron atónitos viendo como los dos hombres que se habían intentado comer mataban, ayudados por tres hombres mas, a tres de los suyos mientras un moribundo hizo de cebo… y no les gustó.
Los zombis empezaron a avanzar hacia el quinteto mientras que tan solo dos continuaban acercándose a Benin, que ya había gastado siete flechas.
Gina disparó un flechazo en el ojo a uno de los zombis que intentaban merendarse a Benin y este correspondió con otra flecha, esta vez en el costado.
Después de tres flechas más el zombi cayó al suelo y el siguiente zombi empezó a recibir flechazos de los dos arqueros, cayendo al lado de Benin, que lo remató con su ultima flecha.
El tercer y ultimo zombi, salido inesperadamente de entre las cajas, mordió en el cuello a Benin, provocando la furia de Gina y descargando nueve flechas sobre el putrefacto cuerpo, haciendo que se desplomara, fatídicamente, contra Benin.
Gina corrió hacia él y apartó al doblemente cadáver de encima suyo y le tomó el pulso. Nada.
Luego le miro si respiraba con normalidad y volvió a tomarle el pulso. Nada.
Por fin le practico el boca a boca y después de una docena de bocanadas Gina se dio cuenta de que detrás suyo cinco personas estaban luchando y que ella intentaba reanimar a un muerto.
Gina torció nerviosamente la mirada hacia el tumulto de zombis que se apretaba en torno a los guerreros mientras le cerraba los ojos a Benin, que ya había muerto.
Gina hizo las veces de Benin, gritando fuertemente a los zombis, con el propósito de que se distrajeran y su cena pudiese escapar de allí.
Los zombis, en parte porque ya habían aprendido la lección, en parte porque ahí delante tenían a cinco humanos que devorar, no se movieron del sitio.
Solo una quincena se acerco a ella con el fin de tomar un sabroso plato, dejando a los nutridos guerreros con quince problemas menos.
Gina no quería gastar flechas así que gritó a Neirolh que se reunirían dentro de una hora en casa de Jon, y huyo corriendo hacia donde el hombre de la tienda había huido.

Neirolh estaba desesperado y solo oyó las palabras “hora”,”casa”,”Jon” y “tranquilo”.
Estaban luchando con todas sus fuerzas y ocho zombis habían caído ya. Contando que había cinco en el suelo y quince se habían marchado con Gina estaban luchando contra veintidós zombis, a razón de cuatro o cinco zombis por cabeza.
La situación estaba difícil y Neirolh les dijo a los otros que se tenían que separar ya que seria mas fácil si cada uno luchaba por su banda.
Neirolh cargó contra los zombis y tumbo a varios al suelo, pudiendo escapar del grupo y hacer que más de diez zombis le siguieran.
Jon, Back y los otros dos pudieron escapar fácilmente y Neirolh, casi acorralado en las cajas, acordó que irían por caminos diferentes a la casa, para tener mas posibilidades de que alguno llegase.
Jon se marcho por el tercer camino que salía de la plaza, no sin antes indicar a Neirolh y a los otros que tenían que hacer para llegar a casa suya: continuar recto por esa calle y girar a la derecha al cuarto cruce, luego andar dos manzanas mas y girar a la izquierda. El resto seria buscar en esa calle una casa de dos plantas con un mantel atado al pomo de la puerta.
Los dos hombres se fueron al poco rato de marchar Jon por ese mismo camino y Back se quedo para salvar a Neirolh de los zombis.
Entre los dos pudieron irse por el mismo camino que los anteriores, pero diez minutos mas tarde que ellos.

Andaban apresuradamente, intentando seguir las indicaciones hechas por Jon y sin separarse mucho.
Los zombis les seguían pero ellos andaban mucho mas rápido y poco a poco les fueron ganando terreno.
Neirolh iba pronunciando en voz baja las indicaciones de Jon:
– continuar recto por la calle y girar a la derecha al cuarto cruce, luego andar dos manzanas mas y girar a la izquierda. Una casa de dos plantas con un mantel en la puerta… continuar recto por la calle y girar a la derecha al cuarto cruce, luego andar dos manzanas mas y girar a la izquierda. Una casa de dos plantas con un mantel en la puerta… continuar recto por…-
Jon estaba mucho mas nervioso que Neirolh y se le notaba en el andar; lo hacia a pasos pequeños y rápidos y mirando por todos los lados en busca de algún zombi solitario, para abalanzarse contra el y atacarle ferozmente.
Anduvieron cuatro o cinco minutos y al cuarto cruce giraron a la derecha y pasaron una manzana que estaba prácticamente derruida por un fuego ocasionado quizás por una mujer que encendía la chimenea y se vio sorprendida por un zombi, cayéndose en el fuego y extendiéndolo así por toda la casa.
Cerca de allí, entre unos cubos de basura, vieron al hombre que llevaba la horca, tumbado en el suelo junto con tres zombis.
Se acercaron y vieron como tenia un corte ocasionado por una espada que seguramente provenía de su compañero, que al ver como su amigo era mordido por los zombis lo mató para evitar problemas.
Eso enfadó enormemente a Neirolh, acordándose de Benin, que había muerto para salvar a un cobarde, ya que el tercer hombre que había escapado ya estaría, a estas horas, muerto.
Back no dudo en coger la horca que había en el suelo.
Anduvieron cerca de tres minutos y giraron a la izquierda y vieron una casa que imaginaron que era la de Jon, ya que había unas docenas de cadaverianos rodeándola.
Se pararon en seco y empezaron a hablar sobre lo que tenían de hacer.
Entrar por la puerta era una locura, ya que no podrían con tantos zombis y por la puerta trasera se encontraron con la puerta tapiada completamente, por lo que se pusieron a elaborar un plan.
No se les ocurría nada!
Era una casa sin ventanas en el primer piso y las del segundo estaban casi todas bloqueadas.
Los zombis no podían entrar, no, pero ellos tampoco.
De pronto, muy a su pesar, vieron como los zombis que les seguían se acercaban rápidamente por sus espaldas, y no eran veinte, ni treinta, ni tan siquiera cuarenta. Allí había mas de un centenar de zombis!
Media ciudad estaba ahora en esa calle y los dos héroes se dispusieron a cargar contra las docenas de la puerta de la casa, para intentar entrar.
Empezaron a correr hacia esa dirección y cuando estaban a la mitad del recorrido se pararon en seco: a su derecha había una casa con un mantel blanco en la puerta.
Se miraron y de pronto, automáticamente, los dos se dirigieron hacia ella y llamaron a la puerta.
En un par de minutos, cuando los primeros zombis empezaban a llegar a la calle, la puerta se abrió y Jon les hizo pasar adentro, cerrando la puerta detrás de nosotros.
-pensábamos que estabais en la casa rodeada de zombis- dijo Neirolh- que hacéis aquí y que hacen los zombis allí?-
-allí hay acuartelados media docena de hombres y otras tantas mujeres y niños- explicó el hombre que había matado a el desdichado que se habían encontrado- desde luego eso es mas suculento que dos personas-
-como te atreves a hablar tan tranquilamente después de matar a un compañero tuyo?- le reprochó Back- te tendría que dar vergüenza-
-no fui yo! Lo juro!- gritó el hombre- fue un loco que le había mordido un zombi y se había trastocado mentalmente. Iba dando golpes de espada a todo lo que se movía, incluido a Sebastián, el hombre al que habeis encontrado-
-qué?- exclamó Neirolh – me estas diciendo que tu no lo mataste?-
-no, yo no fui-
-siento haberte acusado…- dijo Back
-ya habéis acabado?- dijo Jon- empecemos a acuartelarnos porque no creo que tardemos en tener visita-
se pusieron manos a la obra: mientras Jon y Neirolh recogían armas de la sala de armas Back y Clift, que así se llamaba el hombre, clavaban maderos en ventanas y puertas.
En poco mas de media hora el “grupo de armamento” ya habían acabado y estaban en el salón con todo un arsenal de armas y armaduras y, una vez ordenado, se pusieron a clavar tablas.
En menos de una hora habían tapiado todas las ventanas, excepto dos, en los lados de la puerta, para disparar a los intrusos y la puerta principal tampoco fue bloqueada.
La puerta y las ventanas traseras corrieron la misma suerte.
Cuando acabaron se sentaron a comer algo, ya que estaban agotados.
Pollo, cerdo, ensalada, pan, vino y fruta fueron los mas destacados componentes.
En mitad de la comida la puerta resonó con tres fuertes golpes, lo que hizo que Neirolh brincara hacia la puerta y la abriera, encontrándose con el hombre que había huido llevando en brazos a Gina, seguido de algunos muertos vivientes.
Neirolh hizo entrar a los visitantes y cerró la puerta con llave y puso delante un armario pequeño.
El hombre, que se llamaba Berilo, explicó que le salvó de un par de zombis pero que él la golpeó con un madero pensándose que era un no muerto.
Tumbaron a Gina en el sofá y le curaron la herida que tenia en la frente, mientras Berilo les pedía mil disculpas por su comportamiento.
Jon, experto en armas, dio a cada uno la arma y la armadura mas correcta para el.
A Berilo y a Clift, debido a su complexión pobre, les dio una cota de cuero, un casco de calidad media y unas perneras también de cuero, junto con una espada de hierro.
A Back le dio la cota de cuero, las perneras y la espada pero no el casco, ya que según él no tenia ningún casco adecuado para él.
A Neirolh le dio unos brazaletes, unas perneras y unas botas de mitrillo, el mejor metal conocido en tierra media, y una cota de anillos de mitrillo, junto con un escudo de plata macizo.
El casco era de un metal que Neirolh desconocía, y que Jon lo llamaba titanio. Pesaba una barbaridad y le cubría la mayoría de la cara.
En cuanto a armas le dio una maza de excelente calidad y una espada con tiras de oro.
Para él se cogió una armadura completa de hierro, muy poco manejable y un martillo de guerra.
En cuanto se despertó Gina, Jon le entregó la única ballesta de que disponía con medio centenar de flechas. No le entrego ningún tipo de armadura porque era de constitución muy débil para llevar una.
Después de la repartición se decidió que irían a una cuadra que estaba no muy lejos de ahí y cogerían caballos para partir hacia Releer, una ciudad a 7 Km. dirección noroeste.
De paso podríamos pasar por una herrería que había al lado de la cuadra y coger algunas ballestas y flechas.
-debemos ir a por provisiones- dijo Clift- si tenemos que desplazarnos a otro pueblo, ya sea a caballo o a pie, debemos ir a por comida en el almacén de mi cuñado, en la calle Gandalf, donde podemos encontrar comida en abundancia.
-no creo que podamos hacer tanto camino- razonó Gina- tanta gente y tanto tiempo agruparía a muchos monstruos y no podríamos con ellos-
-debemos separarnos- dijo Neirolh- somos seis no? Pues iremos en grupos de dos a los tres sitios a los que tenemos que ir-
-yo iré con Clift al almacén- dijo Jon- Neirolh y Gina podéis ir a la cuadra y Berilo y Back a la herrería-
-y los hombres que hay acuartelados en la casa de al lado?- recordó Gina- no podemos dejarlos ahí-
-tranquilos- dijo Neirolh- yo y Gina intentaremos salvar a esos hombres y que Back y Berilo vayan a la cuadra y a la herrería, que están casi juntas-
-perfecto, en marcha pues!- gritó Berilo- quedamos en la entrada de la ciudad en una hora-

CONTINUARÁ…

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